Hace diez días, escribimos en estas páginas que el lunes 15 sería un día histórico para el mercado de subastas. Desgraciadamente, también lo fue para el mercado financiero del mundo, con el peor momento de las últimas ocho décadas para las finanzas mundiales. Las bajas tasas, la inyección de liquidez sin límite y otras herramientas no sirvieron para detener la corrida que llevó a la quiebra a Lehman Brothers, con deudas de 360 mil millones de dolares, o el salvataje que el Bank of America hizo de Merryl Lynch, o la obligada estatización de AIG. Sin embargo, en el arte el panorama es completamente distinto.
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Desde hace seis décadas, el arte es la mejor inversión legal que hay en el mundo. Cuando hay liquidez y euforia, le gente gasta en viajes, inmuebles, joyas, autos y arte. Pero cuando hay recesión, la gente compra objetos que no pierdan valor y que sean fácilmente fungibles y transportables, como pinturas y esculturas. En las últimas décadas se ha sumado el prestigio que conlleva poseer arte, algo que diferencia.
Desde hace 25 años se vive el «siglo de oro» del mercado. Todo comenzó con la famosa venta de los « Girasoles» de Van Gogh que fue comprado en 40 millones de dólares por una aseguradora japonesa, que gracias al prestigio que le dio esta compra creció en todos los órdenes casi 5 veces en su volumen del negocio y generó un interés inédito en los propios orientales, que se endeudaban para comprar pintura impresionista y daban las obras en caución (o prenda) a los bancos.
La pintura récord hasta ese momento era una obra del inglés Turner que había comprado Amalia Lacroze de Fortabat en siete millones. En la última década, los precios internacionales se han multiplicado por tres y en la Argentina se han mantenido en dólares luego de la devaluación de 2002. Baje o suba el mercado financiero, el mercado de arte goza de buena salud.
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