«I Sonatori de la Gioiosa Marca» con obras de Vivaldi y Bach en instrumentos de época. (18/6, Teatro Coliseo, Nuova Harmonía).
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Aunque el Coliseo es un teatro demasiado grande para captar los sonidos intimistas de los instrumentos antiguos, a poco que el oyente acomode el oído, disfruta enormemente de la riqueza musical que se descubre en obras conocidas pero tal como se tocaban en la época en que fueron creadas. El violinista y estudioso trevisano Giuliano Carmignola propuso una relectura de las partituras de Vivaldi. Y las de Bach, según las formaciones y afinación de las «Academy» de Leipzig, comunes en vida del compositor. De manera que gracias a estos músicos entramos en un placentero túnel del tiempo.
Conocidos y aplaudidos en todo el mundo, se consagraron cosechando premios por sus grabaciones y el bellísimo video con Cecilia Bártoli en el Teatro Olimpico de Vicenza. Sus siete integrantes básicos son intérpretes de virtuosismo y seriedad a la vez, sumado esto al rigor de permanecer fieles a los originales, a lo sumo agregando alguna ornamentación, lo que es lícito y bienvenido.
•Lucimiento
Los dedos ágiles del clavecinista Gian Pietro Rosato se lucieron en la enorme cadenza del Concierto Brandeburgués N° 5 de Bach. Atrayente es el sonido mate en la viola de Judith Foldes y Giancarlo Rado con su archilaúd pone el toque justo en rítmica y en los adornos. Asombrosa la agilidad de arco de Walter Vestidello en el Concierto para violoncello en Re Menor de Vivaldi; y en «La Follia» del mismo autor, los violinistas Giorgio Fava y Roberto Falcone exhibieron su musicalidad y capacidad técnica para abordar sin fisuras las variaciones con asombrosos recursos.
En una elemental flauta sin llaves, Stefano Bet administró la respiración y el aire necesarios para la Suite N° 2 en Si Menor de Bach; es un flautista consumado, de atrayente sonido y fluido fraseo. En la «Badinerie» estuvo espectacular, tanto que el público no abandonó la sala hasta que la repitió. La velada. en suma, fue una gratificante experiencia.
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