9 de diciembre 2001 - 00:00

Una escritura que va más allá del sentido

P ese al sol y al buen tiempo, los tradicionales cafés de la Recoleta estaban casi vacíos la semana pasada. A pocos pasos, en el Centro Cultural, que a las 7 de la tarde suele concentrar un público numeroso, los visitantes recorrían las exposiciones con comodidad.
 
En la Sala Cronopios preparaban la escenografía para celebrar el 20° aniversario de la institución, montaban el estrado para una performance del grupo De la Guarda y los discursos de los funcionarios, y sobre una larga mesa, disponían 100 tortas con sus respectivas velas para festejar. Nada más, sin arte en las paredes.

Con una historia secular que se remonta al año 1732, el edificio es una de las construcciones más antiguas que se conservan en Buenos Aires. En las primeras décadas del siglo XIX albergó a la Academia de Dibujo que llegó a tener 200 alumnos, y aunque posteriormente se instalaron el Asilo de Mendigos y el Hogar de Ancianos, en la década del ochenta el arte volvió a invadir sus claustros.

Desde el retorno de la democracia, cumpliendo con su condición experimental y vanguardista, el Centro Cultural se convirtió en un enclave vital para el arte contemporáneo. El edificio fue remodelado para cumplir con sus nuevas funciones por los arquitectos Clorindo Testa, Jacques Bedel y Luis Benedit. Sus directores, Osvaldo Giesso, Miguel Briante, Diana Saiegh, Teresa Anchorena o la actual Norah Hochbaum, aunque con estilos muy disímiles, coincidieron durante todos estos años al brindar oportunidades a consagrados y también a los debutantes, generando un movimiento que sólo la actual incertidumbre generalizada logra aplacar.

Sin embargo, la calma resulta propicia para recorrer una muestra reflexiva y de tono intimista. En las flamantes salas restauradas por el Fondo de las Artes, «Palabras Perdidas» reúne obras de artistas argentinos de diversas generaciones que tienen algo en común: utilizan la escritura ya sea por su poder evocativo o por su valor estético, en ocasiones escindiéndola del sentido de los términos empleados.

León Ferrari es quien al usar el texto manuscrito como sustituto del gesto pictórico, le otorga mayor jerarquía a una gramática visual con rasgos fácilmente reconocibles y de una sensibilidad extrema. En una caja donde superpone dos manuscritos, la imagen casi abstracta e ilegible provoca la sensación de que la escritura se ha corporizado.

Pintor y escritor, Luis Felipe Noé sabe sacar provecho de los textos que incluye con frecuencia en sus obras para tensar o ampliar el sentido de las mismas. En un cuadro donde aflora la violencia, el texto «VIVA LA PATRIA», así, con mayúscula y pintado en rojo, exalta el dramatismo de la imagen. Como las palabras «libertad» y «muerte» en un dibujo de Ernesto Deira, usadas para destacar la tragedia.

Del mismo modo, una tinta de
Alberto Greco hilvana el vértigo al correr de la pluma y exhibe una maravillosa conjunción entre la forma dibujada y la palabra escrita; ambas fluyen o se descontrolan, ya sea en la configuración de una mancha o en el evidente desasosiego de la caligrafía. Magdalena Jitrik asume el desafío de otorgarle status sensible a sus pequeños textos tipográficos: con una vieja máquina de escribir, transcribe cartas, textos y mensajes de índole política, imprimiéndoles formas, al modo de los caligramas de Apollinaire.

En el contexto de esta muestra, las tintas de
Eduardo Stupía adquieren otro relieve: el del grafismo que, de acuerdo al modo en que se concentra y organiza, dibuja las formas caprichosas de un paisaje. Varios artistas trabajan con la apariencia de las palabras y crean signos vacíos de todo contenido, como Mirtha Dermisache, Miriam Peralta o Ana Ochoa, que los desparrama al viento como una metafórica lluvia de cartas.

Horacio Zabala presenta páginas de diarios reconocibles donde altera el orden de la comunicación: las noticias fueron anuladas y el diseño periodístico pasa a ser el tema que inspira la obra. Teresa Pereda logra un extraño efecto en sus cajas, al hendir la letra en el soporte del cuadro y agregarle tierra de diversas tonalidades que se desliza por los surcos.

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