24 de enero 2003 - 00:00

Una excursión al mural en peligro

Rubén Stella y Teresa Anchorena
Rubén Stella y Teresa Anchorena
"Cerrado por vacaciones": así, con la lectura de ese letrero por parte de funcionarios y expertos, y poco después con la amenaza de varios mastines, comenzó ayer una «excursión al mural en peligro», misión más que reveladora del estado espiritual de esta Argentina en ascuas que se está viviendo. La expedición terminó resultando algo así como la versión sainete de «Indiana Jones en busca del Santo Grial». La expedición demoró 8 horas en poder cumplir su cometido.

La jornada agotadora, donde se cruzaron problemas burocráticos, situaciones pintorescas e inconvenientes al por mayor, se inició a las 8 de la mañana. Una nutrida comitiva de expertos y funcionarios acompañaban al secretario de Cultura, Rubén Stella, y a la directora de Cooperación Internacional, Teresa Anchorena, para acceder a los containers donde se encuentra «Ejercicio Plástico», mural que en 1933 pintó el mexicano David Alfaro Siqueiros en la quinta «Los Granados» de Natalio Botana.

Hace algo más de una década esta obra cumbre de la vanguardia latinoamericana fue fragmentada en siete partes, distribuidas al tamaño de cuatro contenedores, con la idea de llevarla de gira por el mundo. Pero, trabada por un litigio judicial se encuentra desde entonces en una playa de grúas de San Justo, al aire libre y soportando temperaturas extremas.

Hace más de tres años, este diario fue el primero en alertar sobre el grave deterioro de la obra, sin que los responsables de preservar de los bienes artísticos (no sólo del país sino de la humanidad) hicieran nada. Recién ayer, y sobre la marcha, un juez de turno autorizó a las autoridades de Cultura a ingresar por la fuerza para inspeccionar su estado.

A las ocho de la mañana llegó puntual, en dos camionetas y varios autos, el nutrido grupo de expertos encargados de verificar el estado de la obra, tasarla y evaluar el costo del seguro para un posible traslado ya autorizado por el juez Páez Castañeda, entre ellos, Marta Fernández, restauradora del Museo de Bellas Artes, el transportista Rubén Méndez, la tasadora del Banco Ciudad, Cristina Alonso, el ingeniero Fontán Balestra, responsable de la compleja faena de extracción ideada por el mexicano Manuel Serrano.
El protocolo estuvo a cargo del escribano de Gobierno
Natalio Etchegaray.

Una vez llegados, todos vieron el cartel:
«Cerrado por vacaciones». El trámite que autorizó el uso de la fuerza pública, de esa forma, llevó toda la mañana y parte de la tarde. Tras las rejas había dos feroces mastines que intimidaban a la comitiva de expedicionarios. Alguien se comunicó entonces con la perrera municipal, pero allí informaron que nada podían hacer, porque sólo trabajan miércoles y viernes. «Vuelvan mañana», sugirieron en la perrera.

La firma Dencanor que ostenta la titularidad del mural y tiene las llaves de los contenedores, posibilitó hace dos años que el juez
Gutiérrez Cabello, que entonces entendía en la causa, observara la pintura. Pero en esta ocasión sólo estaba el representante legal de una de las partes en pugna, el letrado de los acreedores.

La mañana se hizo larga para
Anchorena, que prefirió no lucir el vestido mexicano al estilo étnico de Frida Kahlo que llevaba en la cartera (no era la ocasión más oportuna, sobre todo considerando el peligro de los mastines). «Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos» dijo entonces, pensativo, el secretario de Cultura Stella, quien todavía estudia la posibilidad de declarar al mural bien patrimonial del país, para de este modo poder preservarlo aunque se trate de un bien privado y evitar la salida del país.

El sufrido mural había sido declarado bien patrimonial en diciembre de 2001, pero a los pocos días, el 4 de enero del año pasado y en medio de los peores conflictos sociales, políticos y económicos, el presidente
Duhalde junto a los ministros Capitanich y Gabrielli, encontraron tiempo suficiente para firmar un decreto vetando la medida.

Paradójicamente fue la entonces presidenta de la Comisión de Monumentos, Museo y Lugares Históricos, cuya obligación es velar por el patrimonio artístico, quien aconsejó el veto. ¿El argumento? No haber podido inspeccionar la obra. Si bien el actual presidente de la Comisión tampoco estaba ayer en San Justo, el director de Museos nacionales,
Martín Repetto, aseguró a este diario que una vez completados los informes y evaluaciones, «el mural podría volver a ser declarado patrimonial si los miembros de la Comisión se ponen de acuerdo».

•México

En principio, el Gobierno de México, como la obra de Siqueiros es patrimonio artístico de su país, tiene la obligación legal de cuidarla aunque, como en este caso, se encuentre en Argentina: así lo confirmó ayer Miguel Díaz Reynoso, el agregado Cultural de la Embajada de México que tuvo la oportunidad de ingresar a los containers y ver una pieza clave del muralismo. Pero además del interés de México por su artista estrella, y más allá de la búsqueda infaltable de protagonismo, está el de EE.UU., dado que Mari Carmen Ramírez, curadora del poderoso Museo de Houston, tercero en importancia de EE.UU., le contó a este diario sobre la intención de comprar «Ejercicio Plástico» para la colección de arte latinoamericano.

La riqueza de Houston, se asienta sobre el petróleo, la ganadería y la informática (en 2000 reunieron 126,1 millones para el Museo con una campaña) y reconoce a los hispanos como primera minoría.

Fuentes confiables e interesadas en que la obra, piedra fundamental del muralismo argentino (el mexicano contó con la colaboración de
Berni, Spilimbergo y Castagnino), quede en el país, aseguraron a este diario que hace apenas un mes, uno de los acreedores se habría reunido con Ramírez con el fin de adelantar la transacción. Otro episodio sainetero del caso: en una oportunidad, Dencanor le ofreció al ex presidente De la Rúa exhibir el mural el MALBA, pero como nunca recibió respuesta, se retractó.

A la espera de que alguien espantara a los perros y se pudieran abrir las puertas,
Stella propuso un alto para almorzar, lo que se hizo (y muy abundantemente) en un restaurante cercano de la ruta. Sorpresa para los expertos: entre bocado y bocado, Stella ni habló de los murales sino de cine.

Para sorpresa de todos, al regresar (ya eran casi las 16), había un escuadrón de la policía y un colorido coche autobomba frente a los containers, dispuestos a abrir los candados que finalmente forzó el transportista
Méndez con una barreta.

Uno de sus hombres terminó lastimado por culpa de un martillazo pero contra lo esperado, los intimidantes mastines resultaron mansos y cariñosos. ¿Qué pasó con el mural? La obra, aunque los peritos no se expidieron, todavía parece resistir. La pintura está y hoy, si los funcionarios trabajan, la justicia se expide y los dueños llegan a un acuerdo, algún día se podrá exhibir donde corresponde: en un museo y no en el Camino de Cintura escalando e invadiendo la casa del vecino.

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