13 de marzo 2001 - 00:00

Una fábula musical más amable que terrorífica

La tiendita del horror.
"La tiendita del horror".
 " La tiendita del horror", ganadora del premio del Círculo de Críticos Dramáticos de Nueva York, tiene su origen en una película que Roger Corman filmó en dos días y una noche, que permaneció como objeto de culto para los amantes del género «bizarro». Veinte años más tarde (la película es de 1960), dos jóvenes promesas del teatro americano se enamoraron de la historia: Howard Ahsman y Alan Menken, libretista y compositor, transformaron el material en una pieza musical que obtuvo enorme éxito y que arrasó con todos los premios. La obra fue presentada en Mar del Plata en 1990 y obtuvo una respuesta similar, a la par que todos los premios Estrella de Mar otorgados al rubro.

La versión que ahora llega a Buenos Aires cuenta con el apoyo creativo original de «La bella y la bestia», y el año próximo se estrenará en Broadway. La historia, que de manera disparatada incluye el tema de Fausto en clave de humor negro, es casi un cuento en el cual el demonio es una planta carnívora que otorga al protagonista el logro de todas sus aspiraciones, pero termina devorándolo.

La planta, que es la protagonista de la pieza, evoca un poco el estilo de los Muppets, por lo cual, a pesar de sus aciagas intervenciones, invita más a la diversión que al terror. Ella sólo quiere comer, pero los únicos alimentos que acepta son la carne y la sangre humanas. Por eso, el desdichado poseedor, luego de ofrecerse como víctima propiciatoria, lo que lo transformará en un ser pálido y anémico, debe procurar nuevos nutrientes y termina entregando a la voracidad de la planta a los seres que va encontrando en su camino. Y termina dándole también a la mujer que ama, antes de inmolarse.

La historia, semejante a los cuentos para niños al estilo Haensel y Gretel, está sazonada con muy buenas canciones y ambientada en la realidad de la década del '50.

Robert Jess Roth
(director), Mat West (coreógrafo) y Norm Schwab (iluminador) son los componentes del equipo creador de grandes musicales norteamericanos, que contaron con Fabián Luca, creador del vestuario, cuyos méritos pudieron ser apreciados en «Drácula». Actores, cantantes, bailarines y músicos argentinos son los responsables de dar vida a la puesta, y justo es destacar que lo hacen con gracia y profesionalismo.

Diego Ramos
se luce, sobre todo en la segunda parte, en la que puede liberarse de una marcación estereotipada. Es espontáneo y tiene una figura atractiva, lo que unido a su caudal de simpatía le permite crear un convincente Seymour.

Sandra Ballesteros
compone a la ingenua y un poco lela Audrey con buenos recursos, y logra por momentos emocionar cuando canta algunas de las bellas canciones de la pieza. Omar Pini pone al servicio de su personaje su seguro oficio. Ivanna Rossi, Andrea Mango y Margret Sealey animan el homogéneo coro de jovencitas que comentan los episodios.

Humberto Tortonese
logra su mejor momento encarnando al dentista sabio, pero su aparición en los restantes personajes es descuidada como una estudiantina. Pero, como el persona-je que se lleva los aplausos con sus impresionantes apariciones es la planta carnívora, los mayores elogios son para sus animadores, Rodolfo Gómez y Pablo Piñeiro. La excesiva intensidad del sonido dificulta la labor de la orquesta, dirigida por Ricardo Barrera.

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