28 de noviembre 2001 - 00:00
Una innovadora "Butterfly" se estrenó en Washington
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Verónica Villarroel
En este contexto, la Opera de Washington regenteada por Plácido Domingo, se ha anotado un éxito, importando una innovadora «Madama Butterfly» del Teatro de la Opera de Varsovia. Creada por el director de cine y teatro (hoy también de ópera) Mariusz Trelinski, esta «Butterfly» tira por la borda la tradición de preciosismo japonés: no se encuentran aquí ni convencionales cerezos en flor, ni la bella casita japonesa, ni kimonos primorosamente floridos.
Trelinski, y la puesta en escena y vestuarios de su colaborador Boris Kudlicka, transportan (sin alienar) a un mundo de estilizado orientalismo. Delatando quizás sus raíces cinematográficas, el realizador ofrece un espectáculo en el que constantes y sugestivos cambios de escenografía acompañan la acción con abundante uso de cortinas, separadores, luces, personajes, y montajes escénicos espléndidos. A diferencia, por ejemplo, de la mayor parte de las puestas tradicionales en las que algunas acciones quedan libradas a la imaginación, la llegada del buque «Abraham Lincoln» en el último acto, con su densa carga de tensión dramática, queda visualmente representada en esta «Madama Butterfly» por un enorme y negro perfil de navío que se desliza lentamente sobre el escenario.
Si bien estos hallazgos mantienen vivo el interés del público, las continuas mutaciones escénicas (que transitan libremente de simbólicas a realistas) desorientan un tanto respecto a la trinidad de acción, lugar, tiempo.
La Orquesta de la Opera de Washington fue dirigida con acierto por Renato Palumbo en su primera actuación en el Kennedy Center (Palumbo dirigirá próximamente «Lucrezia Borgia» en La Scala de Milán); sus músicos dieron lo mejor de sí en una interpretación cuidada y de calidad sinfónica.
El elenco de cantantes fue encabezado por la cantante chilena Verónica Villarroel en el papel de la desdichada Cio-Cio San ( Madama Butterfly). Villarroel, recordada por sus actuaciones en el Teatro Colón, está en la plenitud de su arte. Sus mejores momentos son aquéllos en los que las exigencias de interpretación dramática -para las que todavía carece de convicción-no se yuxtaponen al deleite del canto puro (donde Villarroel brilla). Su luminosa aria «un bel dia», cantada sin vaivenes escénicos, fue saludada por una merecida y sincera ovación.
En dos de las varias representaciones de «Butterfly» en Washington, el papel de Cio-Cio-San fue confiado en una oportunidad a Catherine Malfitano, y en la otra, a la soprano china Xiu Wei Sun. Contrastando el desempeño de Villarroel, esta última impresionó por sus dotes dramáticas y consustanciación con el personaje, pero musicalmente, adoleció de vibrati en sus registros altos.
La mezzo Elizabeth Bishop confirió dignidad al personaje de Suszuki, la leal acompañante de Butterfly. Marcus Haddock, como Pinkerton, el seductor tardíamente arrepentido, tuvo buen desempeño; su técnica y caudal sonoro le permiten encarar los desafíos de su parte sin que el agradable timbre de su tenor resulte exigido. El barítono ruso Andrey Breus ofició de Sharples (el Cónsul) con aplomo y en excelente voz. Muy buenos los coros de la Opera de Washington preparados por Steven Gathman.
Otra novedad en el desenlace dramático: esta producción ofrece una fugaz mirada de la desdichada Butterfly a su amado Pinkerton antes de cometer hara-kiri; a renglón seguido éste se retira, acobardado por el inminente desenlace. Luego pronuncia su desesperado e inútil grito, «¡Buterfly. Butterfly!» cuando la heroína ya cae desfalleciente. Y así cae también el telón de una «Madama Butterfly» diferente, inteligente.




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