13 de febrero 2003 - 00:00

Una tortura también para el espectador

Una tortura también para el espectador
«El experimento» («Das Experiment», Alemania, 2001, habl. en alemán) Dir.: O. Hirschbiegel. Int.: M.Bleibtreu. J.von Dohnanyi, Ch. Berkel y otros.

Este experimento de ficción se basa en una novela de Mario Giordano («Black Box») inspirada en un proyecto científico real conocido como «El experimento Stanford». Obviamente el experimento original no era tan duro como el de esta película alemana, y aún sin conocer -ni querer saber demasiado-acerca de sus detalles sórdidos, lo que es seguro es que en Stanford no tenían al alcance de la mano los apuntes, filmaciones y registros de las experiencias del doctor Mengele y sus colegas nazis.

Si bien es comprensible que un tema de torturas psicológicas, físicas y todo tipo de malas vibraciones realizadas con excusas cientificistas sea un asunto interesante para exorcizar espectros próximos al pueblo alemán, situar un experimento como éste en la Alemania moderna no tiene ningún sentido; ahí sí que los apuntes de Mengele están a la vuelta de la esquina. «Das Experiment» es una película bien filmada, razonablemente actuada y bastante mal escrita. Pero por sobre todo, una película capaz de hacerle pasar un rato real-mente horrible al espectador sin aportar mucho más que su obvio mensaje antitotalitario -que por otro lado tampoco está muy bien resuelto, como muchos otros detalles de guión-.

El tema es interesante: un equipo de científicos contrata un grupo de voluntarios para un raro happening psicológico, o algo así: algunos serán guardacárceles con uniforme recio y bastón anti-motines. Otros serán prisioneros, cambiarán su nombre por un número y deberán vestir camisones hospitalarios y ojotas. guardias está minuciosamente grabado por docenas de cámaras ubicadas por todos lados.

Aunque tiene tono de film de terror o fantasía paranoica, la primera media hora y sobre todo el plano final dejan claro que esto no es una de miedo, sino algo mucho más importante, cine de arte (todo film con gente silenciosa mirando el mar desde la playa, con el horizonte cortando el cuadro simétricamente, sin dudas es un film de arte, detalle que aquí se respeta religiosamente). Si bien los grandes artistas no necesitan detenerse en pequeñeces como un argumento creíble y bien elaborado, tampoco hace falta que la historia haga agua por todos lados.

Por ejemplo, una vez que el equipo científico tiene claro que guardias y presos están totalmente fuera de control, se van todos a la casa dejando a 20 personas desquiciadas de probada conducta sádica, suicida etc. etc., a cargo a un doctorcito tímido que sigue repitiéndose «yo no sabía que esto iba a ser así!». El amateurismo de los científicos sólo agrega elementos casi risibles a un espectáculo que no es ni muy tenso, ni tiene mucho ritmo, y gira alrededor de un asunto que sólo sería soportable si estuviera filmado por un maestro como el Bergman de «Gritos y susurros», u otro de ese nivel.

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