6 de junio 2003 - 00:00

Valiosa muestra del Informalismo

L as obras expuestas en el Museo de Arte Moderno (Av.San Juan 350), bajo el título «Informalismo Argentino» pertenecen a los Museos de Bellas Artes y Eduardo Sívori, así como a coleccionistas particulares. La muestra carece de una articulación que permita al visitante saber de qué se trata, es decir, textos explicativos o testimonios de los artistas que están debidamente documentados, y aunque la «moda» no es lo didáctico, lo creemos fundamental en exposiciones históricas como ésta.

La primera exposición del Movimiento Informalista se realizó en la Galería Van Riel en 1959 y participaron ocho artistas: Enrique Barilari, Alberto Greco, Kenneth Kemble, Olga López, Fernando Maza, Mario Pucciarelli, Towas y Luis Alberto Wells, (todos en la foto que se encuentra al inicio de la muestra, donde también aparece el entonces crítico de «La Prensa», Ernesto Ramallo cuyo nombre ha sido omitido).

Kenneth Kemble
(1923-1998), entonces un joven pintor y a la vez crítico del «Buenos Aires Herald», fue una figura muy influyente en cuanto a la investigación y realización colectiva de obras. Muchos de los elementos utilizados por algunos artistas se incorporaban a las de otros, una actitud dinámica inspirada originalmente en artistas internacionales de esa tendencia como por ejemplo, Burri, Tapies, Saura o Millares. Según confesaba Kemble, «El Informalismo dio lugar a una serie de descubrimientos auténticamente argentinos, yo copiaba a Burri, pero el que me copiaba a mí ya hacía una cosa distinta». Trapos de piso, arpilleras, clavos, chapas, tubos de cartón era lo «nuevo». Así puede constatarse en «Tregua»( 1957) o «Prohibida» (1961), de Kemble, cuya preocupación se centraba en el uso de materiales, por ese entonces, tan poco prestigiosos.
Alberto Greco (1931-1965), uno de los principales animadores de este movimiento, artista que creía en la «pintura grito», de gran gravitación en el ambiente artístico español de los 60, fue un irreverente, provocador, que se rebeló contra la falta de audacia del informalismo local, realizó obras como su famoso tronco de árbol casi quemado con trapos de piso enmarcados, sus «Pinturas Negras», «Las Monjas» (camisas con alquitrán y pintura roja), «feroz ...atroz...», según Ignacio Pirovano, gran defensor del arte abstracto, o sus «30 ratas de la nueva generación», exposición en la Galería Creuze de París que debió cerrar al día siguiente de la inauguración a causa del olor nauseabundo, a la que le siguieron las acciones Arte-Vivo en las calles y los graffitis.

Rubén Santantonin
(1919-1969),integrante del «grupo de los malditos de Argentina», es decir, no aceptados por la sociedad a causa de su radicalismo, realizó «Cosas», obra de carácter efímero y perturbador que terminó destruyendo en 1966. Se pronunciaba contra la conservación artística, contra la idea del prestigio en Arte, a favor del instante vital, de la sorpresa ante lo insólito.

Luis Wells
(1939), con elementos pobres como maderas de cajones, cartón, materiales de desecho, ejecutó esculturas como «Semáforo Japonés» (1963), que no obstante la precariedad del material, están regidas por un orden formal. Su obra actual , de la que nos ocupamos el año pasado, reivindica la pintura en este mundo tecnológico.

Hay obras de Mario Pucciarelli (1928), artista muy identificado con el informalismo italiano, ganador del Premio Di Tella de 1960, reside en Roma desde 1961. Obras de intensos empastes, de gama restringida, un informalismo «depurado». Emilio Renart (1925-1991), ganador en 1964 de un Premio Especial concedido por el jurado internacional convocado por el Instituto Di Tella, pertenecía a esa casta de artistas que no pensaba en el mercado, que creía en la capacidad transformadora del arte, un estudioso de las formas y de materiales no convencionales, que instaba a transitar caminos no recorridos.

La muestra se integra con obras de otras figuras clave como Aldo Paparella, Enrique Barilari, Jorge López Anaya, Kasuya Sakai, Noemí Di Benedetto, y algunos artistas que incursionaron al comienzo de su vida artística en un movimiento que logró renovar el lenguaje, rescatar el absurdo, terminar con el «acabado» o «el buen gusto», desacralizar los medios tradicionales.

Hacia fines de 1961, Kenneth Kemble y varios de estos artistas realizan la exposición «Arte Destructivo». La idea era «canalizar la agresividad y tendencia destructiva del hombre siempre pronta a explotar nocivamente en una experiencia artísticamente inofensiva». Cierra a fines de Junio.

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