L a muestra de Víctor Chab (1930) que se realiza en las Salas Nacionales de Exposición Palais de Glace hasta fines de agosto, abre con «Manzana sobre la mesa», obra premiada en 1947 por un jurado entre los que figuraban Antonio Berni y Miguel Carlos Victorica y calificada como «sensible» por la crítica de ese momento. «Diálogo», tinta de 1952, es representativa de su pasión surrealista despertada cuando conoce a Juan Andralis y a Batlle Planas, y se intensifica cuando decide aprender francés para leer los textos de André Breton.
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Desde entonces está asociado a esa corriente fundamentalísima del arte, en la que posteriormente participa de las experiencias con mescalina y ácido lisérgico conducidas por el doctor Tallaferro, en búsqueda del estado alterado de conciencia como una apertura de la percepción.
Gracias al excelente montaje a cargo de Gustavo Vázquez Ocampo puede seguirse cronológicamente y reflexionar sobre las distintas etapas, indagaciones y preocupaciones estéticas de un espíritu inquieto y batallador, su constante quehacer, el refinamiento de sus tintas, dibujos, collages, «cadáveres exquisitos», que responden a la noción del automatismo o sea, iniciar la obra sin ideas previas.
Bestiario
En los '60, por un período breve, el gesto invade la tela furiosamente pero la creación de un bestiario tenebroso dio lugar a la poética de Enrique Molina «Zoología de piedra fosforecente../formas del terror y de la nostalgia/ en cada una de vosotras permanece adherido/ un trozo nocturno/ un resto negro/ de la profundidad.» Trabajo denso de la espátula hasta llegar a la concreción de una técnica notable, acumulación de numerosas capas de papel y óleo, vetas, rugosidades, transparencias logradas con depurado oficio del que continúa haciendo gala porque «cada técnica que adopto me va llevando a otra, así como la imagen, la obra se desarrolla como una película cuyo final ignoro».
Esta retrospectiva que no es en absoluto una mera acumulación de obras, va guiando tanto al conocedor de su obra como a aquel que ingresa por primera vez en un mundo mágico, fantástico, de metáforas visuales, de conmoción espiritual, un exorcismo contra los enemigos ocultos de la psiquis, capaz de provocar estímulos y reacciones. Las retrospectivas también ayudan a revalorizar obras como los óleos y grafitos , lápiz color , por ejemplo, «Graal», «El enigma del ángelus» (1974), «Fragmento de un desierto» (1975), fragmentos de carnalidades encerradas en un espacio geométrico.
En los '80 una serie de figuras de guerreros, toreadores, bailarines, príncipes, collage y óleo sobre tela, aparece fragmentada, dislocada, un «Humanario» que se dispersa en partículas sobre la superficie. Cuando en 1994 cumplió 50 años con la pintura, lo celebró con una serie de muestras simultáneas y consecutivas, un homenaje al Conde de Lautréamont, nom de plume de Isidore Ducasse, cuyos «Cantos de Maldoror» fueron considerados por los surrealistas como una revelación. Figuras ominosas en abrazo mortal, ojos de esferas vacías, rostros a manera de máscaras baconianas, formas escultóricas, constituían el leit motiv de esas muestras.
Femenino
Chab confiesa que lo sorprendió mucho la irrupción de la figura femenina en el '94 a pesar de que ya había pintado algunas en los '70. Quizás un eco de uno de los temas principales para los surrealistas -la mujer- todo lo que implicaba y que había estado reprimido en el subconsciente. Debe recordarse una cita de Baudelaire que apareció al pie de un fotomontaje en el primer número de La Revolución Surrealista en 1924: «La mujer es el ser que echa la más grande sombra y la luz más intensa en nuestros sueños».
A mediados de los '90, la forma mujer, a veces completa, a veces fragmentada, ocupa gran parte del plano por el que se desliza. La eroticidad está presente en la carga matérica trabajada como filigrama, en los infinitos recursos pictóricos, grafismos, tatuajes, la densidad colorística, los blancos de la tela enceguecedores. Nada es estático, los cuerpos se funden, flotan.
Joven de 17 años «sensible», surrealista, partícipe de la abstracción libre, de la geometría poética, del informalismo, humanarios, bestiarios, desnudos. ¡Pasen y vean!, como lo señaló el poeta Juan Andralis. Es la obra de un artista de gran libertad creadora.
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