11 de noviembre 1999 - 00:00

"VELVET GOLDMINE"

E l glam rock de la primera mitad de la década del '70 (o también glitter rock, por la brillantina) fue un movimiento frívolo pero también vanguardista que tuvo grandes momentos musicales a cargo de gente como David Bowie, T. Rex y Roxy Music, sólo para nombrar a sus cultores más recordados.
Continuando las audacias americanas de fines de los '60 de Velvet Underground (es decir Lou Reed) o The Stooges (es decir Iggy Pop), los alocados y agresivamente afeminados chicos ingleses glam le pusieron vestuario kitsch a los hippies, prenunciando el punk que explotaría pocos años más tarde.
El sexo, las drogas y el rock & roll nunca tuvieron tanto para ofrecer al cine desde lo visual, lo musical, el sentido del humor, el melodrama, el delirio y la intensidad de los personajes. Por eso a una película sobre el glam rock se le puede perdonar muchas cosas, salvo que sea aburrida. Este no es el único defecto de
«Velvet Goldmine», una película que no sirve para explicar el fenómeno del glam al espectador neófito en el tema, ni tampoco para darle una visión novedosa o revisionista a los glamaníacos, que lo primero que se preguntarán es por qué nunca se enfoca claramente ninguno de los personajes o los distintos conflictos que siempre quedan a medio resolver. El público no familiarizado con las andanzas marcianas de Ziggy Stardust (el alter ego de Bowie por aquellos tiempos) o sus colaboraciones con el ex heroinómano Iggy Pop no tendrán manera de entender prácticamente nada de lo que sucede en la película. Brian Slade (Jonathan Rhyes-Meyers) es un héroe glam setentista que en el máximo momento de su estrellato simula su propia muerte en un ardid publicitario que sale mal. Una década más tarde, un periodista investiga aquel escándalo que terminó con la carrera del músico que adoraba en su adolescencia. El problema no sería que el reportero no descubra nada interesante. Lo malo es que tarde tanto, y que la copia a la estructura de «El ciudadano» resulte tan pobremente armada (en el film mexicano «Leyenda de una Máscara», la falsa biografía de un luchador de catch capturaba mucho mejor este tipo de homenaje a la obra más famosa de Orson Welles).
La duración excesiva tampoco ayuda mucho, ni tampoco el cast del «niño bueno» Ewan McGregor como el clon de Iggy Pop (quien haya visto a la Iguana en acción se permitirá una sonrisa). Por suerte la dirección de arte (con momentos excelentes en los títulos principales y en los créditos del final) y algunos momentos musicales equilibran un poco las cosas. Sobre todo el homenaje al primer Brian Eno «preambient» y su «Baby's on Fire», que casi llega a justificar el precio de la entrada.

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