11 de noviembre 2005 - 00:00

Viaje al fondo de la noche

Viaje al fondo de la noche
Esta película de Cédric Kahn se basa en una novela-Georges Simenon, pero en aquel Simenon sin el inspector Maigret, en el sombrío Simenon de los conflictos conyugales, en el de «El gato», aquel memorable duelo de silencios entre Simone Signoret y Jean Gabin, el film con el que más semejanzas guarda, dramáticamente, «Luces rojas».

La escena más extensa de esta atrapante película francesa ocurre en un bar de provincia, por la mañana, cuando un hombre desesperado, aferrado al teléfono que le presta la encargada del lugar, intenta dar con el paradero de su esposa, que ha desaparecido la noche anterior sin dejar rastros.

Helène (Carole Bouquet) abandonó el auto en el que viajaba con Antoine (Jean-Pierre Darrousin) como culminaciónde una pelea sorda, iniciada prácticamente al comienzo del viaje. Iban de París a Tours para retirar a sus hijos de vacaciones. El malestar se infiere antes inclusive de subirse al coche. Con escasos indicios, se percibe de inmediato el desasosiego en ese matrimonio.

La televisión anuncia embotellamientos en la ruta a Tours, fórmula ideal para que cualquier malhumor estalle súbitamente y se transforme en guerra. A la segunda parada en un bar de la ruta, ella cumple con su amenaza: se va del coche, En esa extensa escena a la que se aludía al comienzo, en la que Antoine va probando cada vez más angustiosamente una posibilidad tras otra (destacamentos de policía, estaciones ferroviarias, hospitales, etc.), el espectador va siguiendo, reconstruyendo con él, el mapa imaginario de una tragedia presagiada antes de esa desaparición.

Los amantes del film noir encontrarán esos paisajes del alma de este género: carreteras nocturnas, estaciones de tren solitarias, míseros bares con luces de neón, escenarios perfectos para el «desvío» que hunde a los personajes en el drama.

Marcelo Zapata

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