20 de abril 2000 - 00:00
"VIDAS AL LIMITE"
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público aparecería mitigada con esos confortables lugares comunes a los que recurren desde hace décadas las series de TV tipo «Chicago Hope». Pero esta nueva crónica negra de Scorsese recorre las calles de Nueva York desde otro punto de vista: Nicolas Cage es un conductor de ambulancias en una mala racha. Hace días que no duerme ni come bien, no puede parar de trabajar con enfermeros aun más psicóticos que él mismo, y en medio de su tortura de cada noche está empezando a entablar una relación cada vez más fluida con los espectros de los pacientes a los que no pudo salvar.
Pocas veces un drama sobre una historia verídica sumerge al público en un infierno tan realista para luego avanzar a direcciones imprevisibles. Con momentos de comedia negra, melodrama social, policial ultraduro y exploración delirante en los rincones más oscuros de la locura, la última película de Scorsese varía de clima, tono y ritmo sin perder de vista el conjunto. Sería demasiado fácil explicarla como una mezcla de «Taxi Driver» y «Después de hora». Tiene elementos de muchas películas previas de Scorsese -incluyendo trabajos más juveniles como «¿Quién golpea esa puerta?» y «Calles peligrosas»-, pero sus personajes son diferentes y su visión de la Nueva York de hace una década (cuando el nuevo alcalde aún no había «limpiado las calles») hasta tiene más puntos de contacto con la producción de Scorsese «Clockers» (que dirigió Spike Lee) que con algunos de sus propios films.
Es el mismísimo Martin Scorsese, que exhibiendo su humor negro de siempre se reservó el privilegio de mandar a sus personajes a las peores misiones posibles.




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