20 de abril 2000 - 00:00

"VIDAS AL LIMITE"

P elículas como «Taxi Driver», «Toro Salvaje» y «La última tentación de Cristo» (que sigue sin exhibirse en la Argentina) sirven como referencia inequívoca de que Martin Scorsese es un director sin concesiones. Por eso casi ni tendría que llamar la atención que, luego de «Kundun», su extraño y no precisamente taquillero experimento tibetano (que nunca pudo verse en los cines argentinos), su siguiente trabajo sea otro producto totalmente alejado de los caminos habituales del Hollywood del cambio de milenio. «Vidas al límite» es una pesadilla urbana diseñada para que el público enfrente cosas que no suele ver en la pantalla de un cine.
En manos de un guionista distinto de Paul Schrader la carnicería cotidiana de un hospital
público aparecería mitigada con esos confortables lugares comunes a los que recurren desde hace décadas las series de TV tipo «Chicago Hope». Pero esta nueva crónica negra de Scorsese recorre las calles de Nueva York desde otro punto de vista: Nicolas Cage es un conductor de ambulancias en una mala racha. Hace días que no duerme ni come bien, no puede parar de trabajar con enfermeros aun más psicóticos que él mismo, y en medio de su tortura de cada noche está empezando a entablar una relación cada vez más fluida con los espectros de los pacientes a los que no pudo salvar.
Pocas veces un drama sobre una historia verídica sumerge al público en un infierno tan realista para luego avanzar a direcciones imprevisibles. Con momentos de comedia negra, melodrama social, policial ultraduro y exploración delirante en los rincones más oscuros de la locura, la última película de Scorsese varía de clima, tono y ritmo sin perder de vista el conjunto. Sería demasiado fácil explicarla como una mezcla de «Taxi Driver» y «Después de hora». Tiene elementos de muchas películas previas de Scorsese -incluyendo trabajos más juveniles como «¿Quién golpea esa puerta?» y «Calles peligrosas»-, pero sus personajes son diferentes y su visión de la Nueva York de hace una década (cuando el nuevo alcalde aún no había «limpiado las calles») hasta tiene más puntos de contacto con la producción de Scorsese «Clockers» (que dirigió Spike Lee) que con algunos de sus propios films.

 Sólido film

Salvo alguna escena oníricopsicodélica cargada de un expresionismo al borde del kitsch, «Vidas al límite» se mantiene en un nivel formal y actoral sólido e implacable durante sus dos horas de duración. Nicolas Cage, Patricia Arquette, Tom Sizemore y John Goodman tienen escenas memorables, pero el que casi se termina robando la película es Ving Rhames, como un jocoso enfermero evangelista acostumbrado a los milagros. Y si alguien cree reconocer una familiar voz chillona desde la radio de la ambulancia, no se equivoca.
Es el mismísimo Martin Scorsese, que exhibiendo su humor negro de siempre se reservó el privilegio de mandar a sus personajes a las peores misiones posibles.

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