Finalizó el año de mayor actividad artística de las últimas décadas, pero el verano porteño no ofrece sosiego. El ritmo se mantuvo hasta la semana pasada, durante la gira del Secretario de Estado de la Cancillería española, Miguel Angel Cortés, y del director de Política Exterior para Iberoamérica, Jaime Lacadena, quienes acompañados por el embajador Manuel Alabart, y el agregado cultural Luis Prados, dedicaron tres días a recorrer talleres, galerías, espacios alternativos y algunos enclaves históricos.
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No es común en la Argentina que las figuras del poder político dediquen su tiempo a los artistas. Hasta se teme que ese precioso hábito que practicaba Marcelo Torcuato de Alvear, un presidente que sentía la cultura como cuestión personal y dialogaba con los intelectuales, se haya perdido para siempre. Pese a todo, cuando se supone que las batallas ya no se ganan con la fuerza de las armas, ningún político puede darse el lujo de ignorar que, entre las mejores herramientas de seducción, figuran las bellas artes y las expresiones culturales.
La cultura como táctica de conquista hasta es materia de estudio en otras regiones, más que nada cuando se trata de favorecer misiones diplomáticas. Así lo demostraron hace unos meses el vicecanciller Mario Baccini de Italia, o el canciller Shroeder de Alemania, cuando se reunieron en Buenos Aires con intelectuales, costumbre regular en sus países, donde al menos una vez al año fijan temas de discusión para evaluar enfoques diversos, y una filosofía similar inspira la política cultural de España.
Curtidos por la sistemática exclusión de las agendas oficiales, a los artistas les resultaba difícil imaginar que la visita española pudiera deparar momentos felices. Sobre todo, luego del corte abrupto que las empresas impusieron a los patrocinios culturales a partir de la devaluación. Pero más allá de las escuelas políticas, el disfrute del arte depende de la sensibilidad y es una condición eminentemente personal, así que la gira deparó sorpresas.
• Proyectos
Según cuentan los galeristas Florencia Braga Menéndez y Marcelo Schuster, «cuando la nutrida comitiva (también integrada por los directivos de Arte Viva, Norberto Frigerio y Joan Vila Baltar) llegó al loft de la calle Darwin, se produjo un verdadero 'coupe de foudre' con los artistas». Surgieron proyectos e invitaciones con esa tribu urbana que en este último y difícil año protagonizó un fenómeno de expansión creativa que Cortés consideró «sorprendente».
Los jóvenes del Grupo Mondongo, Juliana Laffitte y Manuel Mendanha, Iván Calmet, Silvia Gurfein, Chino Soria, Valeria Maculan, Andrés Sobrino, Guillermo Iuso y, entre otros, Lorena Ventimiglia, a quien el diplomático encargó los retratos de sus propios hijos y contó la anécdota del rey que descendió del trono para recoger el pincel que se le había caído al retratista, volvieron a reunirse con los españoles al día siguiente.
La cita fue el almuerzo que organizó Daniel Mamán en su casa, luego de un recorrido por su galería. «Siento que la cultura europea avala que el poder se postre frente a la cultura», comentó Braga Menénedez. «Me encantó también que un galerista invitara a otros galeristas a su casa y de tan buen grado», agregó expansiva. Y Cortés señaló que, en la Place Vendô-me, Boucheron no está esperando que cierre Mauboussin, porque ambos contribuyen a crear la magia.
La visita al taller de Luis Benedit, que prepara una extensa muestra para Brasil, suscitó idéntico interés en la comitiva. Como sucedió con Leandro Erlich, a quien Cortés le contó que en la última Bienal de Venecia se había sacado los zapatos para «nadar» en su instalación, «La pileta». Y por si faltaran pruebas de su interés por el arte argentino, dijo: «Me fascinaba encontrar las imágenes de los ojos que la rosarina Graciela Sacco había diseminado por toda Venecia».
El interés de los nuevos funcionarios de España por nuestro arte (sus gestiones rondan los dos años), parece hoy superar el demostrado en la década de los noventa, cuando sobraba dinero para consolidar relaciones con proyectos conjuntos. Como los que desarrollan en Brasil con el notable impulso de las inversiones empresarias y de la argentina radicada en Río de Janeiro, Frances Reynolds Marinho, que montó exhibiciones memorables y aspira a cimentar el corredor cultural entre ambos países.
• Esfuerzos
Pocos conocen los esfuerzos que hicieron las galeristas Ruth Benzacar y Diana Lowestein para insertar a nuestros artistas en el circuito español, cuando en Madrid preferían mirar a Nueva York, Londres o París. Ahora, como un amor tardío, el interés surgió de modo tan espontáneo como inesperado. Perteneciente a una nueva generación, Braga Menéndez asegura: «Nunca sentí que estaba en un escalón más abajo ni me propuse seducir a nadie». Culto, el embajador Ala-bart prepara una muestra sobre el poeta Rafael Alberti y considera que sólo le interesan «proyectos especiales para Argentina», en obvia referencia a que no se conforma con las exhibiciones enlatadas que recorren el mundo. Consultados Cortés y el Marqués de La Cadena sobre las posibilidades de intercambios artísticos en tiempos de vacas flacas, contestaron que están dispuestos a escuchar y proponer proyectos. En suma, la lección que ningún argentino puede olvidar es que el tango se baila de a dos.
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