Vivi Tellas: "Siempre queremos ser mirados"

Espectáculos

C on el estreno de «Barrocos retratos de una papa», obra de creación colectiva inspirada en la vida de la pintora Mildred Burton y dirigida por Analía Couceyro, dio comienzo en el Teatro Sarmiento (Av. Sarmiento 2715) el ciclo Biodrama, ideado por Vivi Tellas. Con este ciclo, la actual directora artística de la sala vecina al Zoológico empieza a cumplir su objetico de convertirla en un activo centro de experimentación teatral. A lo largo del año, Biodrama contará con otros dos espectáculos, aún sin título, dirigidos por Luciano Suardi y Beatriz Catani. A punto de comenzar los ensayos de «La casa de Bernarda Alba» en el Teatro San Martín -donde dirigirá a un elenco encabezado por Elena Tasisto, Mirta Busnelli, Lucrecia Capello, Belén Blanco y Carolina Fal-Tellas dialogó con este diario.

Periodista: ¿Por qué «Biodrama»?
 

Vivi Tellas: Porque se trata de biografías en teatro. Mi idea era que cada director eligiese a una persona argentina viva y que junto con un dramaturgo transformara esa historia de vida en material para un trabajo dramático. Cada director tiene la libertad de llevar a escena a la persona elegida o a su entorno familiar o bien trabajar con actores. Analía Couceyro eligió contar la vida de Mildred Burton en cinco momentos clave; Luciano Suardi tomó la historia de una mujer de casi 90 años cuya vida quedó dividida en dos por una gran tragedia, mientras que Beatriz Catani hizo una convocatoria a personas nacidas el 8 de julio de 1958 (fecha en la que nació uno de sus actores), de las que seleccionó tres para mostrar vidas paralelas.

P.: Sus propuestas siempre se han caracterizado por forzar los límites de la teatralidad ¿A qué apunta este acercamiento a vidas reales?


V.T.:
Yo siempre trato de poner al teatro en contacto con otras disciplinas para que reaccione y no se termine comiendo a sí mismo. Esas disciplinas pueden ser la plástica, los museos o el mundo del trabajo, que tomé para mi última puesta «El precio de un brazo derecho». La idea de trabajar con vidas reales surgió a partir de la confluencia de varias cosas. Una de ellas fue el trabajo que presentó Federico León en uno de los ciclos del Proyecto Museos que dirijo en el Rojas desde el '94. El tomó el Museo Aeronáutico, pero terminó trabajando sobre la vida de Miguel Angel Boecio (un ex combatiente de Malvinas), es decir, decidió que la persona fuera su propio museo. Fue un trabajo muy polémico, porque además Boecio era una persona que tenía desequilibrios psicológicos, había sido actor y ahora aparecía en escena presentando documentos que certificaban sus estudios o cosas que había hecho. Fue una experiencia muy extraña y muy cruda que llevó al Proyecto Museos a un límite que nos shockeó. Por otro lado, tuve ocasión de visitar la Bienal de Venecia del año pasado que tuvo como tema la humanidad. Allí me encontré con muchos trabajos documentales, por ejemplo, con artistas plásticos haciendo videos sobre pueblos en extinción o sobres temas muy personales como el deterioro en la enfermedad sufrida por el propio artista. Todas estas ideas se empezaron a juntar en mí ligándose a lo que yo ya había investigado con respecto al documental.

P.: ¿Y qué pasa con el público?


V.T.:
¡Uy, ya nos pasó algo increíble! Una persona desconocida trajo al teatro una carta ofreciendo su vida para que alguien la lleve a escena. Se ve que todos queremos ser mirados. Mi marido [ Alan Pauls, coguionista de la película «Vidas privadas» de Fito Páez] es escritor y cuando vamos en taxi más de un conductor le ha dicho: «Mi vida es para una novela». Hay toda una fantasía al respecto, tal vez porque en esa vida estuvo muy presente el destino, la tragedia, el accidente o el azar. La idea del documental en teatro es todavía una hipótesis para investigar. Tiene que ver con qué hizo uno de su vida. La relación de nuestra minúscula vidita en relación a la macrovida que es la historia, los grandes hechos. Hay una necesidad de valorar nuestro paso por acá, de mirar lo que hicimos y ver qué significa eso. Y si a todo esto le sumamos el tratamiento poético que el director le da a ese material tenemos un valor extra. Tengo la fantasía de que si hacemos varios proyectos de Biodrama, en algunos años vamos a poder tener una perspectiva histórica.

P.: En cierta forma usted vivió una experiencia similar a la de Biodrama cuando su marido, justamente, la convirtió en personaje de su novela «Wasabi».


V.T.:
Sí, soy casi la protagonista. Cuando leí la novela me dio un poco de vergüenza ver mi nombre ahí en una novela escrita por mi marido... Lo primero que pensé fue: ¡Cómo me conoce este hombre! A pesar de que todo lo que sucede ahí está bastante ficcionalizado, había detalles que a mí me dieron mucho pudor. Es verdad lo que dice, aunque a mí no se me había ocurrido relacionar una cosa con otra. De todas maneras, debo decir que la experiencia que ofrece el teatro es muy distinta.

P.: ¿Peor o mejor que aparecer en una obra literaria?


V.T.:
¡Mucho peor! El teatro es una experiencia siniestra, ya de por sí lo es en el sentido clásico freudiano. Algo inerte que se vuelve vivo, un lugar donde lo cotidiano se te vuelve extraño y en el que te ves pero no sos vos. Eso está siempre muy presente en todo hecho teatral y más aún en una experiencia como Biodrama.

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