28 de abril 2004 - 00:00

Volvió la mejor música al Colón

Orquesta Filarmónica de Helsinki. Dir.: L. Segerstam. Obras de J. Sibelius; P.I. Tchaicovsky, L. Segerstam, A. Dvörak. Solistas: R. Szilvay (violín) y J.E. Gustafsson (Teatro Colón, 21 y 22/4; org.: Mozarteum Argentino.)

Con esta visita de la primer orquesta de los países nórdicos, el Mozarteum Argentino inició su temporada internacional con un acontecimiento de primera categoría. Los músicos finlandeses hicieron performances que denotan una férrea disciplina, respeto a la tradición, afinación perfecta y gran profesionalismo en todos los casos.

Si bien la orquesta tiene la precisión de un mecanismo de relojería, no carece de transmisión emocional, tuttis entusiasmantes proveedores de energía, transparencias de gran delicadeza y fina musicalidad.

El celebrado director Leif Segerstam, con su notable aspecto mezcla de vikingo retirado y Santa Claus, es tremendamente carismático, y su relación con la música es íntima y detallista. De las Sinfonías de Sibelius conoce hasta el más íntimo detalle, de hecho, sus versiones sirven para recotizar el valor del más importante compositor finés fallecido en 1957. Su enfoque paisajista va unido a la rara habilidad de resaltar los perfiles psicológicos de la compleja personalidad del creador escandinavo. Ya se trate del luminoso Finale de la Segunda Sinfonía, en magistral traducción, como del modesto y conmovedor «Vals Triste» Op. 44, que desparramó una suave melancolía.

Con la violinista Reka Szilvay hicieron el Concierto de Tchaicovsky (¿porqué no el de Sibelius?); ella no es una virtuosa, pero su particular técnica -aprendida de su padre húngaro- le permite ofrecer un melodismo incomparable. Y con el violoncelista Jan-Erik Gustafsson desentrañaron la pasión del Concierto de Dvörak; el compositor checo fue servido desde su mejor costado romántico y con énfasis en sus hermosos temas.

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