23 de noviembre 2004 - 00:00

Vuelve la "Eva Perón" que enfureció a los peronistas

Gabriel Correa: «La obra de Copi molestó en 1970, pero era otro momento político. No es la obra de un antiperonista, es la mirada de un artista que trasciende los elementos históricos que toma».
Gabriel Correa: «La obra de Copi molestó en 1970, pero era otro momento político. No es la obra de un antiperonista, es la mirada de un artista que trasciende los elementos históricos que toma».
En el Festival Tintas Frescas en Buenos Aires se exhibirán dos versiones de la polémica obra de Copi «Eva Perón», estrenada con gran escándalo en París, en 1970, por Alfredo Arias. La primera puesta, protagonizada por la ex «Gambas al ajillo» Alejandra Flechner y dirigida por Gabriel Correa, debutó ayer y continuará en el Centro Cultural de la Cooperación hasta mañana. Para los días 25, 26 y 27 de noviembre está programada en el Teatro Alvear la versión original, con elenco francés y dirección de Marcial Di Fonzo Bo.

En su debut como director y luego de haber actuado en dos obras de Copi («Las viejas putas» y «Cachafaz»), Correa cierra un ciclo dirigiendo uno de los textos más incisivos del talentoso creador de «La mujer sentada» (una mordaz tira cómica que publicaba en «Le Nouvel Observateur») y autor de revulsivas piezas teatrales, que murió en París a los 48 años, víctima de sida.

Periodista:
Cuando Alfredo Arias estrenó esta obra en París desató la furia de un grupo peronista. ¿A qué cree usted que se debió concretamente?

Gabriel Correa.: No creo que Copi le haya faltado el respeto a la figura de Eva, lo que hizo fue ordenar ciertos elementos históricos y del imaginario popular para enfocar el mito desde otro punto de vista y mostrar el mundo privado del poder y su fuerte contraste con lo oficial y público. A partir de ahí recreó temas muy propios de él, como esto de burlarse de la muerte.


P.:
Pero el revuelo estuvo.

G.C.: Hay que considerar que la obra se estrenó en 1970, era otro momento histórico, otro contexto político... Yo creo que el centro de la polémica fue el tema del travestismo. En la versión que dirigió Arias, el personaje de Eva lo hacía un actor y debo confesar que al principio pensé en hacer yo el papel de Eva, pero el tema del travestismo me terminó hartando porque ya no tiene la carga de rebeldía que le ponía Copi. Creo que fue por eso que el peronismo más ortodoxo reaccionó como lo hizo en aquel momento. Más que el travestismo sexual, me interesa el travestismo del lenguaje y del discurso político, ya que cuando se tiene el poder no hay masculino ni femenino.


P.:
Usted se travistió en «Las viejas putas» y en «

Cachafaz»,
pero siempre con humor y sin disimular su masculinidad.

G.C.: Me divertí mucho, sobre todo con «la Raulito», fue como disfrazarse de mujer en una despedida de soltero. A mí no me interesaba mostrar la simulación sino la imposibilidad que tiene el travesti de ser una mujer. En «Las viejas putas», en cambio, eran personajes más absurdos, sin un contexto específico, como dibujados en el aire.


P.:
¿Qué es lo mejor de la «Eva Perón» de Copi?

G.C.: Esa extraña moraleja de salvarla de la muerte. Eva deja el cuerpo de otra mujer en reemplazo de ella y huye. «Evita no está muerta, Evita vive». Lo genial de Copi es haber hecho una trenza con lo histórico, lo teatral y su propio imaginario.


P.: Copi
muestra a una Eva ya enferma que discute muy duramente con Perón.

G.C.: Esto lo investigué especialmente. Un actor me contó que su padre había sido amigo del chofer de Perón y que, a través de él, se enteró de que el día de su renunciamiento a la presidencia, Eva lo insultó a Perón de arriba abajo mientras iban en el coche después del acto. Y mientras ella estaba a los gritos, Perón miraba por la ventana sin decir ni una palabra. Esta imagen coincide con la relación que pinta Copi, donde Eva aparece como un ser dominante y pasional y Perón como un hombre demasiado pasivo. Creo que verlo a Perón en ese lugar debe haber sido muy doloroso para la militancia de aquella época.


P.: Eva Perón
compitió con los hombres en un terreno masculino, el del poder político.

G.C.: Por eso me interesaba que ese papel lo hiciera una mujer que parezca un hombre. Al fin y al cabo Eva era «una mujer con pelotas», como se dice habitualmente.

P.: ¿Cómo cree que va a reaccionar ahora el público?

G.C.: Para mí fue una gran tranquilidad poder hacer «Eva Perón» en el marco de este festival dedicado al teatro francés. Siento que corremos menos riesgos de que la obra sea vista tendenciosamente. Además, estamos acompañados por la versión original en francés que dirigió Marcial Di Fonzo Bo, que es sobrino de Facundo Bo, el actor que hizo de Eva en la puesta de Arias. Quiero aclarar algo muy importante, Copi podría haber hecho una obra gorila, si se quiere, porque su familia tuvo que exilarse en el 45; pero ésta no es la obra de un antiperonista, es la mirada de un artista que trasciende los elementos históricos que toma.


Entrevista de Patricia Espinosa

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