10 de junio 2002 - 00:00
"Ya casi nadie compra los discos clásicos"
MUSICA
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Ralph Votapek
Periodista: ¿Este acercamiento a Gershwin implica además una relación cercana con el jazz?
Ralph Votapek: Sí, pero como oyente. No tengo ninguna capacidad de improvisar. Ojalá pudiera; aunque a esta altura ya no me importa. Gershwin es una muy pequeña parte de mi repertorio, sobre todo cuando toco sin orquesta.
P.: ¿Es un problema armar repertorio para un pianista clásico de hoy?
R.V.: El problema, curiosamente, surge cuando uno quiere presentar cosas nuevas o más modernas, porque los promotores siempre dicen que el público prefiere seguir escuchando la música clásica y romántica conocida; y parece que tienen razón. En la actualidad, como hay menos recitales de piano, nos vemos obligados a seguir tocando los «standards».
P.: ¿La música popular puede ser una alternativa para abrir el juego, tal como hecho usted, por ejemplo, con algunos tangos de Astor Piazzolla?
R.V.: Es que Piazzolla es el Gershwin de la Argentina; se lo considera «serio» y popular al mismo tiempo. En los casos en que lo he tocado he recurrido a buenos arregladores. Veo que muchos músicos clásicos están buscando en lo popular, aunque salvo algunas excepciones muy honrosas yo prefiero seguir con lo clásico. Entiendo a los jóvenes que quieren hacer cosas nuevas y ven que lo tradicional ya ha sido tocado y grabado muchas veces. Algunos también tratan de hacer lo conocido de una manera diferente; a veces tan personal que terminan alejándose mucho, más allá de que puedan tener éxito. Incluso en concursos de piano importantes he visto versiones muy raras, como hacer un minuet de Chopin en cuatro tiempos. Scarlatti o Bach, por la propia naturaleza de su escritura, permiten cierta originalidad pero con los románticos no es tan lógico. Usted verá que la interpretación de Bach, Mozart o Scarlatti ha ido cambiando con el tiempo.
P.: ¿Qué papel cumple la industria discográfica en estas cuestiones?
R.V.: Hace años, si un disco clásico vendía 10.000 copias era un desastre; hoy, si vende mil es un éxito. Es triste. Hay porquerías de las que se venden millones. La música popular ha copado todo. Y los precios de los discos son demasiado altos, producto de la gran cantidad de factores que participan del negocio. En realidad, seguimos grabando para que quede nuestro trabajo, porque en la actualidad son muy pocos los que consumen grabaciones de música clásica.
P.: ¿Las compañías influyen o pretenden influir en la elección de repertorios?
R.V.: Ese es siempre un tema complicado. A las compañías serias les gusta presentar discos integrales dedicados a un solo artista, aunque a veces es imposible.
P.: ¿Qué lo lleva a seguir viniendo a la Argentina?
R.V.: Con este viaje, son ya 21 los que he hecho a este país. Con los años, si bien he tocado en muchos lugares, mi carrera se ha concentrado en los Estados Unidos y en América Latina. Respecto de su pregunta le diría, en principio, que vengo porque me invitan y aquí tengo una convocatoria que ya no hay en Estados Unidos para los recitales de piano; allá se buscan más los conciertos de orquesta, el show. Me gusta venir porque no sufro cambios de horario, como sí me pasa cuando voy a Europa o a Oriente. Después de 36 años viniendo he hecho muchos amigos, me gusta su comida, me gusta el Colón, me gustan las provincias; aunque por supuesto me ponen muy triste las condiciones en que está actualmente el país.
P.: ¿Es muy distinto para un pianista trabajar con orquestas de muy alto nivel y con otras de menos renombre?
R.V.: Las diferencias están en el profesionalismo de los músicos y en que las condiciones de trabajo no son siempre iguales. Por cierto es más fácil trabajar con orquestas como la New York Philharmonic o la Boston Pops. También hay diferencias entre los distintos directores: están los que buscan satisfacer los deseos del solista y están los más dictadores con ideas preconcebidas que no están dispuestos a modificar.
P.: ¿Ya tocó con Calderón anteriormente?
R.V.: Dos veces. La primera, hace 35 años. Y otra vez hace unos 22 años. Es un hombre muy serio y eso me da tranquilidad.
P.: ¿Cómo es su rutina de estudio?
R.V.: Trabajo repertorio para el próximo concierto o para el subsiguiente. En general toco por las mañanas porque en las tardes tengo enseñanza.
P.: ¿Le gusta enseñar?
P.: ¿Qué cosas les gusta hacer cuando no está tocando o enseñando?
R.V.: Me gusta mi bicicleta, pasear, estar con mis nietos.
P.: ¿No va a escuchar conciertos?
R.V.: Tengo que ir a los conciertos de mis alumnos y tengo un abono en mi ciudad que solía ser muy importante, aunque ahora se ha hecho menos interesante.
P.: ¿Cómo sigue su actividad después del Colón?
R.V.: Tengo un concierto en Rosario. Después, cinco presentaciones en Michigan, tengo que viajar a Alemania en agosto, en setiembre empiezo la temporada en los Estados Unidos. Y tengo también un viaje a Cuba para tocar un concierto y ser jurado en un concurso. En ese sentido, es inexplicable que nuestro gobierno pretenda cerrar las fronteras de Cuba con nuestro país. La música que yo hago no tiene que ver con cuestiones ideológicas.
P.: ¿Hay algún compositor o alguna música que todavía no ha hecho y le gustaría hacer?
R.V.: Mis seis favoritos siguen siendo Beethoven, Mozart, Chopin, Schumann, Brahms y Debussy. Pero también me gusta hacer otros como Prokoviev, Bach, Ravel, Schubert, Haydn, Bartók, Gershwin, Liszt. Alrededor de ellos sigo trabajando y me siendo muy cómodo en general.




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