La escalada del conflicto en Medio Oriente reconfiguró el mapa financiero global y ya tiene efectos concretos sobre la economía argentina. Si bien el país se beneficia parcialmente por el alza del precio de la energía y los commodities, el balance de corto plazo puede ser negativo. Cuáles son los motivos.
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El primer impacto se observa en el frente financiero. El riesgo país superó los 600 puntos básicos, lo que vuelve a cerrar el acceso a los mercados internacionales de deuda tras una breve ventana de oportunidad en febrero, que el Gobierno decidió no tomar eligiendo financiarse en el mercado local. Al mismo tiempo, el encarecimiento de la energía se trasladó a los precios internos: los combustibles subieron cerca de un 20% y se espera que la inflación de marzo supere el 3%, de acuerdo a las principales consultoras del mercado.
Las cuentas fiscales tampoco quedan al margen. Argentina deberá importar entre 18 y 20 cargamentos de GNL durante el año, mientras el Estado continúa subsidiando la diferencia entre el precio internacional y el valor local.
Argentina puede aumentar su capacidad exportadora de petróleo
Sin embargo, el escenario no es completamente adverso. El país consolidó su perfil como exportador neto de energía, lo que le permite capturar parte del shock positivo. Con el barril de petróleo en torno a los u$s100, se estima un ingreso adicional de unos u$s3.700 millones en 2026. A esto se suma la mejora en los precios agrícolas y una cosecha con buenas perspectivas.
En conjunto, Argentina podría exportar unos u$s6.400 millones más que lo previsto, según cálculos privados. Aunque este beneficio, podría ser mermado por el aumento del costo de las importaciones.
petroleo crudo
Argentina puede verse beneficiada por mayores exportaciones de petróleo
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Acciones en alza, bonos bajo presión
En los mercados, el impacto es dispar. El índice Merval subió un 13,5% en un mes, impulsado por el fuerte desempeño del sector energético.
Empresas como YPF, Pampa Energía y TGS encabezaron las subas, en un contexto donde los activos ligados al petróleo y la energía ganan protagonismo dentro del mercado local.
En lo que va del año, el liderazgo es claro: YPF acumula una suba del 19,9% en pesos, seguida por Banco de Valores (19%), Transener (18,4%), BYMA (13,2%) y Transportadora de Gas del Sur (10,3%), reflejando el buen desempeño de compañías vinculadas a energía e infraestructura.
En el otro extremo, el sector bancario aparece como el más castigado. Supervielle lidera las caídas con una baja cercana al 20%, seguido por Grupo Financiero Galicia (-16,6%) y BBVA Argentina (-11,8%). El deterioro responde a un combo de factores: mayor morosidad, tasas de interés elevadas a comienzos de año y un contexto que presiona la rentabilidad del negocio financiero.
El comportamiento del mercado accionario responde a una lógica clara: Argentina se posiciona, en este contexto, como un exportador de energía. Así, YPF trepó un 28% en el último mes, con su ADR en torno a los u$s45, mientras que Petrobras avanzó un 25% en el mismo período. El peso del sector energético en el índice local —cerca del 50% si se suman utilities— amplifica este efecto.
Además, en comparación con otros mercados emergentes, la región mostró cierta resiliencia. El MSCI Emerging Markets subió 1,94% desde el 28 de febrero, cuando inició la guerra. Las bolsas de Brasil y Colombia retrocedieron entre 1% y 3%, mientras que Chile y México registraron caídas más pronunciadas, aunque todas se ubicaron por encima del desempeño de los mercados desarrollados.
No obstante, el panorama es muy distinto en la deuda soberana local. Los bonos argentinos fueron los más golpeados del universo emergente, con un aumento del spread EMBI de 88 puntos básicos desde febrero. Este deterioro ubica al país en niveles comparables con economías altamente vulnerables como Sri Lanka, Pakistán o Ghana.
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