La temporada de balances del primer trimestre de 2026 en Wall Street sorprendió a los inversores con un panorama más optimista que el anticipado. Las principales empresas del mercado no solo resistieron un contexto macroeconómico y geopolítico adverso, sino que volvieron a superar expectativas en casi todas las métricas relevantes.
Balances récord en Wall Street: las ganancias corporativas desafiaron al petróleo, las tasas y la guerra
Las principales empresas del mundo cerraron el primer trimestre con resultados muy superiores a los esperados y llevaron a los analistas a revisar al alza sus proyecciones para el resto del año. La inteligencia artificial volvió a concentrar buena parte del optimismo.
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Wall Street cerró una temporada de balances históricamente sólida.
De esta forma, las ganancias corporativas crecieron muy por encima de lo previsto, los ingresos aceleraron al mayor ritmo desde 2022 y los márgenes alcanzaron niveles récord, mientras la inteligencia artificial consolidó su lugar como el principal motor estructural del mercado.
El dato más relevante no fue únicamente la magnitud de los resultados, sino el escenario en el que se produjeron. La temporada transcurrió en medio de un conflicto armado activo en Medio Oriente, con el estrecho de Ormuz mayormente cerrado, el petróleo por encima de los u$s100 por barril y tasas de interés que siguieron mostrando resistencia a la baja, debido a renovadas expectativa inflacionarias.
Aun así, el S&P 500 volvió a mostrar una capacidad de generación de utilidades superior a la esperada, reforzando la idea de que el rally bursátil continúa en ganancias concretas, más que solo en la expansión de las valuaciones.
El cierre simbólico del primer trimestre llegó con la presentación del balance de Nvidia, la mayor de las grandes tecnológicas denominadas Siete Magníficas, que volvió a ubicarse en el centro de la narrativa del mercado. La compañía reportó ingresos récord por u$s81.615 millones, un crecimiento interanual del 85%, con ventas de Data Center por u$s75.200 millones, equivalentes a un salto del 92%.
Además, proyectó ingresos por u$s91.000 millones para el trimestre en curso, aun excluyendo expresamente los ingresos de Data Center compute provenientes de China. Ese detalle no es menor, ya que implica que incluso bajo restricciones geopolíticas y controles de exportación, la demanda vinculada a infraestructura de inteligencia artificial sigue creciendo a un ritmo extraordinario.
Una temporada que superó casi todos los registros recientes
Con el 95% de las compañías ya reportadas, el 83% superó las estimaciones de ganancias por acción y el 81% hizo lo propio con ingresos. En tanto, diez de los once sectores presentaron resultados mejores que los esperados al cierre de marzo.
Ambas tasas de sorpresa positiva se ubicaron por encima de sus promedios históricos. En cuanto a las ganancias por acción, el promedio de cinco años es del 78% y el de diez años, del 76%. En ingresos, los promedios son del 70% y 67%, respectivamente.
Esa magnitud de sorpresas positivas también se trasladó rápidamente a las proyecciones para el resto del año. Según Balanz Research, las estimaciones de crecimiento de EPS del S&P 500 para 2026 aumentaron 9,4 puntos porcentuales desde fines de enero, al pasar de 13,5% interanual a 22,9%.
El principal responsable de esa mejora fue, semana tras semana, el sector tecnológico, que volvió a concentrar buena parte de las revisiones al alza y reforzó el peso de la inteligencia artificial como motor dominante del mercado.
El dato más fuerte estuvo en las ganancias
La tasa combinada de crecimiento de utilidades del S&P 500 para el primer trimestre fue de 28,4% interanual, muy por encima del 13% esperado al cierre de marzo. De confirmarse como dato final, se trataría del mayor crecimiento desde el cuarto trimestre de 2021, cuando las ganancias avanzaron 32%, y marcaría el sexto trimestre consecutivo de expansión de doble dígito.
Sin embargo, la aceleración exige una lectura con matices. Tres de las Siete Magníficas explicaron buena parte del salto: la tasa combinada de crecimiento del grupo trepó al 61%, frente al 22,4% que se esperaba al 31 de marzo.
A su vez, parte de los resultados estuvieron impulsados por ganancias no operativas relevantes. En este sentido, Alphabet registró una ganancia de u$s37.700 millones en valores accionarios, principalmente por apreciación no realizada en participaciones privadas, mientras que Amazon se vio beneficiada por u$s16.800 millones en ganancias vinculadas a su inversión en Anthropic.
Estos factores inflaron el crecimiento reportado, aunque no alcanzan para desmentir la solidez operativa subyacente. En paralelo, los ingresos agregados también mostraron una mejora significativa: las ventas crecieron 11,4% interanual, por encima del 9,9% estimado al cierre de marzo, con expansión en los once sectores del índice.
Si el dato se sostiene, será el mayor crecimiento de ventas del S&P 500 desde el segundo trimestre de 2022.
Wall Street revisa las expectativas al alza
El impacto de la temporada no quedó limitado a las hojas de balance. La solidez de los resultados derivó rápidamente en revisiones al alza por parte de los principales bancos de inversión.
De esta forma, Goldman Sachs elevó su precio objetivo de fin de año para el S&P 500 a 8.000 puntos, desde los 7.600 previos, y se sumó a Morgan Stanley y Deutsche Bank en la expectativa de un retorno cercano al 17% para 2026.
El equipo liderado por Ben Snider, estratega jefe de renta variable de Goldman Sachs, citó una temporada de balances “excepcionalmente fuerte” como el principal argumento detrás de la revisión.
El banco también elevó su proyección de EPS a u$s340 para 2026, lo que implicaría un crecimiento interanual del 24%, y a u$s385 para 2027. “El crecimiento de ganancias ha impulsado toda la suba del S&P 500 en lo que va del año, y esperamos que esta dinámica continúe en los próximos meses”, escribió Snider.
Goldman estima, además, que las compañías beneficiadas por la inversión en infraestructura de inteligencia artificial explicarán aproximadamente la mitad del crecimiento del EPS del S&P 500 en lo que resta del año.
Desde PPI recogen esa misma lectura, aunque advierten que los principales riesgos pasan por una eventual desaceleración en el ritmo de crecimiento de ganancias, la incertidumbre macroeconómica y la velocidad con la que las empresas logren monetizar la IA.
Adam Parker, de Trivariate Research, reforzó esa interpretación. “Hasta ahora no es incorrecto decir que los fundamentals y la performance han estado altamente correlacionados, tanto a nivel de mercado como sectorial”, sostuvo. Sin embargo, también advirtió sobre la elevada concentración de la historia de crecimiento, ya que Micron y Nvidia explicaron por sí solas el 44,9% del crecimiento interanual de las ganancias de todo el S&P 500 en el primer trimestre.
Los riesgos que todavía pesan sobre el mercado
El optimismo corporativo convivió con un telón de fondo geopolítico que no dejó de complicarse. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán alteró el balance energético global y devolvió al Estrecho de Ormuz al centro de las preocupaciones del mercado.
Antes del conflicto, por ese paso transitaba cerca del 20% del consumo global de petróleo y gas natural licuado, unos 20 millones de barriles diarios, equivalentes al 25% del comercio marítimo global de crudo.
De esta forma, el colapso del mercado energético luego del cierre fue abrupto. La IEA (Agencia Internacional de Energía) confirmó que las restricciones al movimiento de buques por Ormuz desencadenaron la mayor disrupción de oferta en la historia del mercado petrolero. De esta forma, en marzo, la producción global cayó 10,1 millones de barriles diarios, hasta 97 millones.
El Brent, que cotizaba cerca de u$s70 antes del conflicto, llegó a tocar un máximo intradiario de u$s127,9 el 2 de abril y retrocedió por expectativas de negociación, aunque se mantuvo históricamente elevado.
Al cierre de esta nota, el Brent se ubicaba en u$s93 y el WTI rondaba los u$s89 con señales desde Irán que seguían mostrando dificultades para llegar a cualquier acuerdo con Washington.
Frente a este contexto, la OCDE elevó su proyección de inflación del G20 para 2026 hasta 4%, atribuida directamente al salto energético. El FMI, por su parte, recortó su escenario base de crecimiento global a 3,1% y advirtió que una prolongación del conflicto podría empujar la economía mundial hacia un escenario adverso de 2,5%.
Más allá del impacto sectorial, el principal riesgo es macroeconómico
"El riesgo actual es que continúe la guerra, los precios del crudo sigan en tres dígitos y los bancos centrales se vean forzados a adoptar una política monetaria más dura, en un momento en el que las valuaciones de activos de riesgo están por las nubes", advirtió Fernando Losada, director ejecutivo de Oppenheimer & Co.
Estas advertencias apuntan a la base que sostiene el rally tecnológico. Si una inflación persistente obliga a la Fed a mantener tasas altas por más tiempo, aumenta el costo de capital, cae el valor presente de las ganancias futuras y queda bajo presión la rentabilidad esperada del capex masivo en inteligencia artificial.
Desde el FMI, también advirtieron frente a estos riesgos que "una reasignación de expectativas en torno a la productividad impulsada por la inteligencia artificial podría debilitar significativamente el crecimiento y desestabilizar los mercados financieros".
Así, cuantificaron en las proyecciones de su último World Economic Outlook que un escenario de corrección moderada en las valuaciones vinculadas a IA, acompañado de un endurecimiento de las condiciones financieras, reduciría el crecimiento global un 0,4% respecto al escenario base, lo que también podría afectar las ganancias de las empresas del S&P500.
Qué mirar hacia el segundo trimestre
La atención del mercado se desplaza ahora hacia el segundo trimestre, con una vara cada vez más alta. Ahora, el consenso del mercado proyecta para 2026 un crecimiento de ganancias del 22% para el S&P 500, con expectativas de expansión de 20,5%, 23,6% y 21,1% para el segundo, tercer y cuarto trimestre, respectivamente.
En este sentido, la guías corporativas no reflejan un deterioro generalizado, por ahora. De las 80 compañías del S&P 500 que emitieron guías de ganancias por acción para el segundo trimestre, el 48% fue negativo, por debajo del promedio de cinco años de 58% y del promedio de diez años de 60%. La señal es constructiva, aunque no elimina los riesgos.
El interrogante central pasa ahora por la capacidad de la inteligencia artificial para traducirse en crecimiento sostenible de largo plazo.
El mercado entra al segundo trimestre con ganancias revisadas al alza, valuaciones exigentes, petróleo todavía caro, cadenas energéticas tensionadas y una dependencia creciente del gasto en IA. Si las empresas vuelven a superar expectativas, los múltiplos actuales podrían encontrar respaldo.
Pero si aparecen señales de desaceleración en inversión tecnológica, presión sostenida sobre márgenes o deterioro del consumo por el encarecimiento de los combustibles, la vara que dejó el primer trimestre hará que el margen de error sea mucho más bajo.



