OK. Aquel día fue uno de esos que livianamente los medios y los inversores e intermediarios imprevisores gustan en llamar “un Martes Negro” (Trump había anunciado que aplicaría a las importaciones de China un arancel adicional del 50% -días después, en algo típico de él declaraba un impasse tarifario por 90 días-).
Si bien los medios no lo reflejaban, ese el 8 de abril parecía que todo comenzaba a andar mal otra vez en la Argentina. El S&P Merval se había desbarrancado 29% en pesos y 37% en dólares desde el 7 de enero mientras el billete trepaba en la calle 12% desde el 7 de marzo en tanto la tasa de Riesgo país (EMBI+ Argentina) había pasado desde los 694 a 993 puntos básicos (p.b.).
Aún faltaban unos días para que se conocieran los datos de la inflación de marzo, pero de alguna manera parecía como que el mercado financiero anticipaba el brutal 3,7% que dio a conocer el INDEC el viernes 11.
Para peor, a pesar de que desde el Gobierno venían haciendo lo imposible para tratar de neutralizar cualquier opinión adversa, era claro que las negociaciones con el FMI parecían cada vez más empantanadas, y el dinero que se suponía necesario para algún momento más cercano a las elecciones, se precisaba, ya.
La verdad es que Milei y su gente, muy tranquilos no estaban y las “papas más que quemaban”.
Si la montaña no viene a Mahoma....
El FMI no cedía, así que terminaron cediendo ellos. Por lo pronto, debieron aceptar el reemplazo del “crawling peg” -que seamos sinceros se había convertido en un salvavidas de plomo- por un mecanismo de bandas cambiarias, comprometiéndose a incrementar las reservas y otras minucias que hasta entonces eran resistidas a “hierro y fuego”.
No es que ni los del Fondo ni ellos mismos creyesen en estas promesas, pero las formas importan y había que guardarlas.
Las cosas se precipitaron entonces para mejor. Se acordó con el organismo, la situación internacional -pura suerte- mejoró y una buena estrategia comunicacional y el uso de las “manos amigas” -como hasta ahora han demostrado saber aprovechar para salir de los atolladeros (ojo que alguna vez la suerte se acaba) le dieron un giro de 180 grados al malhumor del mercado.
Las malas lenguas, siempre presentes
Según las malas lenguas -algunas muy cerca del oficialismo- en una jugada maestra habían dejado que las “cosas corrieran” para presionar al Fondo.
El esquema, el clásico: hacía falta plata y el prestamista se mostraba reacio, por lo que los precios de los activos venían cediendo de manera natural, especialmente tras el rally. Se le dio el guiño a los “players” más afines para que empezaran a manipularlos -a los precios- debajo de cualquier razonabilidad.
Ahí comenzaban las recompras -desincentivando al menudeo a que lo haga- y la presión al prestatario que, ante el temor el mercado estuviese viendo algo que él no y se derrumbara todo el esquema, eventualmente cedía. Al darse a conocer la buena nueva los precios “volaban” y quienes habían comprado “abajo” vendían “arriba” llenado sus bolsillos.
Resultado todos contentos, el que necesitaba la plata, sus amigos y el prestamista que veía como el mercado convalidaba su accionar… todos menos los que fueron “inducidos” a vender y a posteriori a “comprar” más caro. Ojo, la maniobra puede ser, o no -especialmente para un bilardista-, ilegal. Lo que seguro es, es inmoral.
¡Y llegó la fiesta!... ¿pero llegó?
Como sea, el 15 de abril el S&P Merval trepaba 15% en pesos (desde el día 8); el 21, el billete se desplomaba en la calle también 15% y el 23 del mismo mes, el Riesgo País caía debajo de los 700 p.b. y el Merval en dólares 26%.
La operación de salvataje había tenido éxito y el Gobierno le ganó la pulseada al mercado, sí es que existió tal pulseada.
De aquellos máximos -al viernes 30- el Merval en dólares gana 4,4% (en 37 días) y cede 0,8% en pesos (en 44 días), el riesgo bajó 4% (en 44 días) y el billete avanzó 3% (en 39 días).
Desde el 15 los mercados emergentes+fronteizos ganan 8,1%, según la gente de MSCI y 5,6% desde el 23, los latinoamericanos 8,8% y 2,9% y 5,6%, y los fronterizos, 6,2% y 6,3% respectivamente.
De acuerdo con el EMBI LATAM el riesgo en la región se redujo 5,7% y según el EMBIG 6,5% desde el 23. El Dollar Index, que mide el valor de la moneda norteamericana frente a la canasta de las principales monedas prácticamente no se movió desde el 21 (el peso chileno, el mexicano -este es el más afectado por la reciente elección de los jueces-, y el real, tuvieron variaciones menores al 1%).
La pregunta
Apelando a todas sus armas y municiones, el Gobierno pudo salvar lo que a principios de abril apuntaba a ser una situación crítica. Al final consiguieron el apoyo del FMI, de Trump, del mercado y de “tutti i fiocchi”, lo que sin dudas es meritorio, y siguen tapando agujeros a dos manos, a fuerza de audacia y coraje.
Pero más que congratular, lo que corresponde aquí es un sola pregunta: ¿Por qué, pasado el fuerte proceso de recuperación de los activos, el sentimiento del mercado no se volvió (más) positivo?
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