Política

Gala de conmemoración de la Revolución francesa

Conmemoración de los 228 años de la Revolución francesa, lo que justificó que, entre otras cosas, se embandere la espléndida sede argentina de Arroyo y Cerrito, sede que quedó atosigada como es habitual por un variedad de franceses y argentinos desesperados por hacerse de una copa de champagne y alguna que otra migaja con queso, lo que conforma un dudoso espectáculo que año a año va perdiendo glamour.

La recepción del viernes pasado en la Embajada de Francia anticipando la celebración de la Fiesta Nacional en un nuevo aniversario de la toma de La Bastilla fue la ocasión para despedir al embajador Pierre Henri Guignard y su esposa Marie-Carmen Boué-Guignard que abandonan la representación diplomática francesa en Buenos Aires y parten hacia nuevas funciones. Guignard y su esposa recibieron en el Palacio Ortíz Basualdo a los franceses radicados en Argentina y argentinos de todos los orígenes. Más de 600 invitados circularon por los dos salones en derredor de las mesas donde se dispusieron manjares típicos franceses, variedad quesos, paté junto a crocantes baguettes, canapés, pernil de cerdo y continuas rondas de espumante. La ingesta se interrumpió, salvo algunos no saciados, para escuchar las palabras de Guignard. Domina el idioma castellano y su discurso apuntó directo al reciente acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea. “Ambos países creen en el multilateralismo y las soluciones negociadas”, es un pequeño paso para nosotros, pero un paso gigante para el mundo abierto que anhelamos”, dijo el diplomático. “En un momento en el que otros construyen muros (alusión inequívoca a la política de Donald Trump) nosotros creemos en la libertad” continuó el embajador, más adelante sobre la situación de la Argentina dijo que deseaba “estar viendo el final del túnel” y recordó el apoyo que Francia le dio en este tiempo, tanto desde su lugar en el Consejo Ejecutivo del FMI como su apoyo explícito al ingreso del país a la OCDE. Finalizó citando estrofas de un tango de un “personaje emblemático de los dos países, como fue Carlos Gardel”; Adiós muchachos. El diplomático deja el cargo este mes, el recitado fue una curiosa despedida que todos festejaron con un aplauso extendido. Nicolás Dujovne pasó como una saeta, no se quedó en la recepción, saludó al embajador e intercambiaron elogios por el acuerdo Mercosur-UE.

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