Una ciudad turística fuera de temporada del condado de Kent, fines de 1980. Frente a la costanera está el cine Empire. Ocho puertas de vidrio, enorme vestíbulo, kiosko circular de golosinas en la entrada, imponentes escaleras, dos salas, personal uniformado, cuatro espectadores. Por lo que cuentan después de la función, la clientela no es demasiado digna de respeto. El dueño tampoco. Lo mejor de la casa es el viejo proyectorista, hombre sabio de buen carácter, y el personal, que cumple a conciencia su tarea. A cargo de todo está una señora todavía joven, de rostro apagado, con algún problema de salud. Sobre ella se enfoca la historia. Sobre ella, y su amistad con el empleado nuevo, un chico simpático, inteligente, con ganas de aprender y progresar en la vida. Solo que para eso tiene un problema: su color de piel. La madre apenas llegó a recibirse de enfermera. Después sabremos que el cine tiene otras dos salas, pero están cerradas por falta de público, y que en viejas épocas hubo una confitería con salida a la terraza para las noches de verano. También descubriremos cuál es el problema de salud de la señora. Mental. A esta altura ya estamos en 1981. Primavera. Hay un lindo sol, y con la premiere de una gran película el Empire está a punto de mejorar. Varias cosas van a mejorar. No todas.

Dejá tu comentario