El Robo del siglo al Banco Rio, en Acasusso, se destaca por el ingenio de los protagonistas a la hora de robar un banco. Pero la realidad es que 30 años antes, ya había ocurrido un caso muy similar: El robo al Banco Société Générale de Niza. Los ladrones de este atraco también se escaparon por alcantarillas.
371 cajas fuertes, 20 ladrones involucrados y una fuga a la Argentina: el robo que sacudió a Francia
Entre el 16 y el 18 de julio de 1976 se llevó a cabo uno de los robos más impactantes del mundo. Conocé todos los detalles.
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El robo ocurró en un fin de semana festivo.
El equipo estaba compuesto por 20 personas y con Albert Spaggiari de cabeza. Entre el 16 y el 18 de julio de 1976, lograron robar 371 cajas de seguridad, y asegurarse un motín de aproximadamente 30 millones de dólares de ese momento.
Cómo fue el robo Banco Société Générale de Niza
Albert Spaggiari, conocido como “Bertito”, era francés de padres italianos. Quedó huérfano de padre cuando todavía no había cumplido tres años y fue criado por su madre en Hyères, una localidad de la Costa Azul.
Estuvo en la cárcel por delitos cometidos y terminó abriendo un negocio de fotografía en Bezaudun-les-Alpes. Pero no le duró mucho: los trabajos normales no eran lo suyo. Por eso, empezó a idear un plan para robar la sucursal del Societé Generale en Niza. Se sabía que en sus caja de seguridad habían millones.
Debido a sus contactos en el municipio logró conseguir dos planos fundamentales para decidir si era posible robarlo: el del edificio del banco y el de la red de alcantarillado de la ciudad.
Su siguiente paso fue ser cliente del banco, alquilando una caja de seguridad. El empleado que lo atendió le comentó la seguridad con la que contaba el banco: una puerta de acero, la ubicación de las cámaras, el material de las paredes, para que se quede tranquilo.
Pero a Spaggiari le llamó la atención que no mencionara nada del piso de la cámara, por lo que empezó a idear un plan para ingresar por las alcantarillas. Para confirmar si el banco tenía alarmas sísmicas, programó un reloj despertador para que suene a las doce de la noche. Si los policías no iban al banco a esa hora, era porque no se alertaría el ruido de la perforación del piso. Efectivamente no sonó.
Spaggiari, gracias a sus contactos, reclutó un equipo de 20 cómplices, entre ellos, ex mercenarios, soldadores, herreros, albañiles y un joyero, para que evaluara las piezas que había en las cajas y eligiera las más valiosas para que se las llevaran.
Juntos y con una rutina militar, cavaron el túnel en tres meses. Para los primeros días de julio de 1976 ya estaban debajo del piso de la cámara, apenas a unos veinte centímetros de la superficie. Solo les quedaba elegir el momento adecuado para entrar: la celebración de la toma de la Bastilla.
En ese fin de semana de celebraciones, los ladrones pudieron romper el piso, abrir las cajas y guardar los billetes y las joyas en bolsas impermeables, ya que llovía.
Se robaron 371 cajas de las cuatro mil que había en la cámara. Aproximadamente se calcula que se llevaron un botín de al rededor de 30 millones de dólares de la época.
Escaparon por el túnel hasta la alcantarilla, sobre la cual tenían estacionada una camioneta Land Rover para llevarse el botín.
Escaparon sin problema y antes de irse, pintaron en la pared con aerosol: “Ni armes, ni violence et sans haine” (Ni armas, ni violencia y sin odio”).
La fuga del ideólogo del robo al banco de Niza
La banda se separó y Bertito, luego de esconder su parte más grande del botín, escapó a los Estados Unidos. Se dice que allí quiso ofrecer sus servicios a la CIA, para desestabilizar gobiernos de izquierda. Tres meses despues, cuando volvió a Francia, la policía lo estaba esperando.
Una vez detenido, eligió a un veterano de la Legión Francesa, Jacques Peyrat, como su abogado defensor. Si bien al principio negó su participación en el robo, luego cambió de opinión y dijo que había robado el banco para financiar a una organización ultraderechista, de cuya existencia nadie sabía.
Esa supuesta confesión fue parte del plan maestro de su fuga. Con ese testimonio, Spaggiari se garantizó que lo trasladaran a los tribunales para ampliar su declaración ante el juez Richard Bouaziz. Él sabía que su despacho estaba en un segundo piso con ventana a la calle. Una vez adentro del despacho y sin esposas, Bertito empezó a hablar hasta que encontró el momento justo para levantarse, correr hacia la ventana y saltar sobre el techo de un auto estacionado en la calle. Allí lo esperaba una moto conducida por un ex paracaidista con la que se perdieron de vista antes de que la policía pudiera.
Spaggiari vivió prófugo el resto de sus días: Salió de Francia con documentos falsos rumbo a la Argentina, donde se dice que ofreció sus servicios a los grupos de tareas de la dictadura. Luego de rondar por distintos países de Latinoamérica, compró, con identidad falsa, un chalet en la ciudad italiana de Belluno, donde vivió con su última pareja, Emilia de Sacco.
Allí murió de cáncer el 8 de junio de 1989, con 56 años y hasta último momento burlado a la Justicia. Hasta pudo publicar su autobiografía, titulada Le Journal d’une truffe.






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