Paradójico: uno de los pueblos más antiguos del planeta celebra el 60o Aniversario de la creación de su Estado, uno de los más jóvenes del mundo. Israel conmemora mañana el «Iom Haatzmaut» (Día de la Independencia); tras la aprobación por la ONU de la partición del territorio británico de Palestina, la dirigencia encabezada por Ben Gurion proclamó el nacimiento del estado hebreo. Era el 14 de mayo en el calendario gregoriano, el 5 de Iar en el hebreo; de ahí la aparente discrepancia cronológica.
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Mañana habrá fiesta en cada kibbutz, pueblo y ciudad del territorio israelí, a pesar de que los últimos atentados (en los que se infiltraron terroristas desde la Franja de Gaza) echaron un manto de sombra y temor sobre la celebración. Las asechanzas tampoco impidieron una masiva llegada de turistas desde todo el mundo; sólo desde la Argentina se estima que viajarán 5.000 personas durante este año. Cada comunidad religiosa, entidad deportiva y organización laica armó una excursión a «Eretz Israel» (la tierra de Israel), e incluso grupos artísticos locales animarán algunas de esas fiestas.
En línea con lo que pasa en Israel, la comunidad judía local adherirá a la conmemoración al menos con tres grandes actos. Uno de ellos provocará no pocas incomodidades a los sufridos porteños: será el que desde hace ya varios años organiza la Organización Sionista Argentina en el Luna Park, y que provocará cortes de calles y desvíos de tránsito en el microcentro (ver mapa). Allí se esperan unas 10.000 personas, y si bien está previsto que comience a las 19.30, los cortes comenzarán a las dos de la tarde.
Por su parte la embajada israelí hará su sarao mañana al anochecer en un hotel cercano a La Recoleta; el embajador Rafael Eldad bailará por última vez en Buenos Aires (se va en agosto) «rikudim» -bailes típicos-con funcionarios del gobierno, jefes militares, empresarios e invitados especiales.
Juventud
También mañana en el estadio Obras habrá un acto para la juventud, con números musicales y baile. En todos los casos se cantará el «Hatikva» (La Esperanza), la canción nacional del estado judío compuesta a fines del siglo XIX, pero que recién en 2004 fue oficializada como himno. Curiosamente, es uno de los pocos escritos en tono menor, lo que le quita la vibración épica de otros himnos en tono mayor (el argentino, el «God Save the Queen», el «Star Spangled Banner», etc.).
La historia reciente del pueblo judío seguramente justifica la cadencia melancólica de su canción patria; ayer fue Iom HaZicaron (Día del Recuerdo), en el que se encendieron antorchas en recuerdo de los caídos en las guerras por la Independencia y el país se paralizó con el sonido de las sirenas. Por primera vez los muertos en los atentados contra la embajada en Buenos Aires y en la AMIA fueron incluidos entre los homenajeados, y una pequeña delegación de familiares de las víctimas, encabezada por Marina Degtiar, participó del acto central en el cementerio del Monte Herzl ( Jerusalén), donde están enterrados Teodoro Herzl -padre del sionismo-y todos los jefes de estado y héroes de Israel.
Aquel 5 de Iar Ben Gurion firmó el acta creando ese nuevo, minúsculo país (que entró en guerra con todos sus vecinos ese mismo día y nunca desde entonces tuvo una jornada de paz) y proclamó «Am Israel Jai be Israel» (el pueblo de Israel vive en Israel). Un rabino, presente a pesar del ateísmo de la mayoría de los padres fundadores, rezó la oración « Shejeianu», que le agradece al Supremo haber llegado a vivir ese momento.
Desde entonces, su población pasó de menos de 800.000 a los actuales 7,2 millones (20% de ellos árabes, ciudadanos de pleno derecho), y de ser un pantano a disecar a convertirse en una de las economías más pujantes de la región. De todos modos, le queda al joven país alcanzar una paz plena con sus vecinos, algo que probó ser más difícil y elusivo de lo que imaginaron quienes soñaron con «Medinat (estado) Israel». «Iom Ulédet Saméaj» (Feliz Cumpleaños), entonces, a Israel.
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