Los vecinos de la casa en la que vivía el denominado "Chacal de Mendoza" conocían de los abusos a los cuales el hombre sometía a sus hijos, en especial a la mayor, con la que habría tenido siete criaturas.
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"En el barrio sabían, todo el mundo sabe, pero nadie dijo nada", indicó Ariel Bueno, un ex policía que trabaja en una agencia de seguridad.
El hombre fue vecino del "Chacal" entre 2001 y 2003 y durante un año tuvo en su casa a una de las hijas del acusado, debido a que la joven -por entonces de 16 años-, tenía temor por todo lo que pasaba en la vivienda familiar.
Bueno había denunciado en el 2002 al "Chacal" mendocino por lo que ocurría en la casa, pero según indicó el propio vecino, la investigación no prosperó, pese a que una asistente social visitó la casa.
"Al otro día, el hombre salió enloquecido a la vereda, hablando bien fuerte para que se escuchara, dijo: 'que yo no me entere quién fue (quien hizo la denuncia) porque lo voy a cagar a tiros (matar)'", relató Bueno.
El "Chacal" vivía en la casa con su concubina, su hija de 35 años y los siete "hijos-nietos" de entre 2 y 19, además de la suegra de 84.
Incluso el ex policía dijo que los vecinos conocían lo que sucedía en la casa del "Chacal", porque fue otro hombre de la misma zona el que le reconoció que "lo que pasa que el abuelo no es el abuelo, es el papá", cuando él quiso saber qué pasaba con los niños de esa vivienda.
"Ahí empecé a preguntar más y todos lo sabían. Dicen el 'monstruo', pero el monstruo también son ellos porque podrían haber hecho algo", agregó sobre el caso, en declaraciones reproducidas por el portal del diario Los Andes.
Al referirse al "Chacal", Bueno dijo que es "un hombre que sabía relacionarse, podía entablar conversación con cualquiera y pasaba mucho tiempo en la puerta de su casa limpiando su auto".
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