5 de octubre 2012 - 23:37

Baja la densidad de protesta de gendarmes pero insisten en quedarse "hasta el final"

La protesta en el edificio Centinela cumplió su tercer día consecutivo.
La protesta en el edificio Centinela cumplió su tercer día consecutivo.
La protesta de los gendarmes en la puerta del edificio Centinela cumplío su tercer día consecutivo. Sin embargo, lejos de aquella primera explosiva jornada en la explanada del edificio, la protesta parece desinflarse con el correr de las horas.

Con las negociaciones en marcha y la promesa de una respuesta por parte del Gobierno para el próximo martes, la cantidad de uniformados se redujo sensiblemente. Sin embargo, quienes aun permanecen en el lugar aseguran que no se irán hasta que el conflicto se solucione.

La postal de la primera jornada con hasta unos 500 gendarmes apostados en la explanada del edificio cantando y saltando en reclamo de un aumento salarial se redujo a una muchedumbre dispersa en grupos de entre cinco o siete gendarmes. Todo parece indicar que luego de que el Gobierno se comprometiera a responder el petitorio entregado por los uniformados, los ánimos se distendieron.

A pesar de ello, sobre la escalinata todavía cuelgan banderas argentinas en defensa de las consignas salariales. Una de ellas, pintada con aerosol verde reza: "El gendarme no vive, sobrevive". Los carteles se multiplican en reclamo de "un sueldo digno" y de un "piso de $ 7 mil".

La espera por novedades entre las autoridades y la comisión distendió el clima en las cercanías del Centinela. Por eso es que con el correr de las horas, los gendarmes que se suman a la protesta lo hacen junto a sus esposas y sus hijos. Sin embargo, la gran mayoría tine un único objetivo: quedarse hasta que sea necesario. "Estamos acostumbrados al frío y al calor, cómo no nos vamos a quedar acá esperando que se cumpla lo que pedimos", dijo a ámbito.com un gendarme que prefirió preservar el anonimato por temor a posibles sanciones. A pesar que las nuevas autoridades de la fuerza aseguraron que no habrá represalias para quienes hayan participado de la protesta, los uniformados se mostraron escépticos.

Por su parte, Gustavo trabaja en un puesto en la ciudad de Mercedes, Provincia de Buenos Aires, y señaló que está decido a pasar el tiempo que sea necesario en el predio: "Nosotros no somos golpistas, estamos pidiendo un aumento salarial", apunta.

Sin embargo, uno de los gendarmes que más trascendencia cobró en los últimos días fue Raúl Maza, el vocero de la protesta. "Esta es la familia de la Gendarmería reclamando algo que le corresponde", señaló a este medio en referencia a la protesta. Su salto a la fama se dio prácticamente de casualidad ya que un periodista se acercó a hacer unas preguntas sobre el conflicto y sus compañeros lo mandaron al frente para que sea el encargado de hablar. Su rol de comunicador lo asume con naturalidad y ante cada cronista que se acerca para consultarlo atiende con amabilidad. Raúl supo ser seminarista, pero a los 8 años se desencantó de su elección religiosa e ingresó a Gendarmería Nacional en 2007. "Siempre tuve alma de revolucionario.", contó en referencia su lugar dentro de la protesta.

Martín es otro de los uniformados que cobró notoriedad en la protesta. Durante gran parte de la protesta se lo vio ondeando una bandera argentina y arengando a sus compañeros desde al lado del parlante. Ingresó a la fuerza hace 18 años y actualmente trabaja en Campo de Mayo. A pesar de que dice amar su trabajo cree que todo tiene un límite. "Nosotros comemos con el sueldo de mi mujer, con lo mío pago las cuentas", dijo eufóricamente entre los gritos de sus compañeros. Martín sostuvo que esta protesta es un punto de inflexión: "si no tengo que seguir siendo gendarme es porque Dios me preparó otro camino".

Lo cierto es que por el momento el conflicto no tiene solución y se espera que hasta antes del martes no haya novedades al respecto. Mientras tanto, uniformados aseguran que se quedarán en el lugar hasta que se llegue a un acuerdo.

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