Cambio climático: qué nos pueden predecir los modelos de última generación

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En la antesala de la Cumbre del Clima, el premio Nobel distinguió a dos físicos que dedicaron su carrera a anticipar los efectos del calentamiento global.

A menos de un mes de comenzar la Cumbre del Clima, el premio Nobel de Física dejó en claro la urgencia de la cuestión, concediendo el galardón de la categoría al japonés-estadounidense Syukuro Manabe y al alemán Klaus Hasselmann, dos expertos en la modelización del calentamiento global.

El hecho tiene connotación histórica, ya que es la primera vez desde 1995 que un Nobel científico premia las investigaciones climáticas. Entonces la máxima preocupación era el creciente agujero en la capa de ozono; ahora, la aceleración de las emisiones contaminantes que pueden disparar el aumento de la temperatura global por encima del límite de 1,5% establecido como la última frontera de seguridad. (Hay que recordar que el exvicepresidente estadounidense Al Gore y los expertos del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ganaron el premio en 2007, pero en ese caso fue el Nobel de la Paz).

Estos dos expertos de 89 y 90 años fueron reconocidos por "la modelización física del clima de la Tierra y por haber cuantificado la variabilidad y predicho de forma fiable el cambio climático". Es decir que no solo demostraron que el aumento del nivel de CO2 en la atmósfera no tenía correlación con el incremento de la temperatura terrestre, sino que lograron instalar modelos climáticos confiables para monitorearlo.

Pero, ¿por qué son importantes los modelos de cambio climático?

Los modelos numéricos son clave para anticipar los cambios climáticos. No hay manera de hacerlo de otra manera que no sea por los patrones, ya que el lapso que existe entre las causas de las alteraciones y sus consecuencias puede diferir por décadas.

Basados en técnicas numéricas y principios físicos, no son simples modelos del balance energético de la Tierra, sino que tienen en cuenta la dinámica de la atmósfera y el océano, la hidrología, la calidad del aire y el estado de los ciclos del agua y el carbono.

En la década de 1950, Syukuro Manabe comenzó a explicar cómo el transporte de masas de aire y el calor latente del vapor de agua incidían, por el aumento de los niveles de CO2, en el ascenso de la temperatura.

Una década después, Klaus Hasselmann ideó un modelo para vincular tiempo y clima, la llave para que los modelos climáticos pudieran ser un termómetro confiable en un universo climático cambiante y caótico.

Los escenarios nos ayudan a entender los efectos del cambio climático y a determinar vulnerabilidades esenciales.

También se pueden usar para evaluar e identificar estrategias de adaptación. Y gracias a ellos podemos vislumbrar el escenario futuro si no se detiene el calentamiento global:

  • Aumentará la temperatura en la mayoría de las regiones de nuestro planeta.
  • Se incrementarán las olas de calor.
  • Subirá el nivel del mar de 0,18 a 0,59 m en 2100.
  • Se producirá un incremento de la intensidad de las tormentas.

Datos preocupantes que se pondrán sobre la mesa en la COP 26 que comienza en tres semanas. En ese contexto, para el comité del Nobel, el premio a estos dos investigadores significa un “mensaje” para los líderes mundiales que se darán cita en Glasgow: "Lo que estamos diciendo es que la modelización del clima está sólidamente basada en la física".

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