5 de mayo 2013 - 20:40
Comienza juicio a 12 expolicías por crimen de joven
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También son juzgados por los mismos delitos, aunque llegaron al debate excarcelados, el exayudante principal Hernán Oviedo, el ex jefe de calle Rubén Villalba, los exoficiales Gabriel Sánchez, Marcelo Dipierro, Leandro Ose, Gonzalo Cuello y Ángel Sosa.
Mientras que Aixa Soledad Sosa, esposa de Giménez y quien habría tenido una relación con la víctima que pudo haber desencadenado el crimen, está imputada de "tormentos agravados" y complicidad con el homicidio, y también llegó libre a juicio.
La acusación es impulsada en el debate por los fiscales Antonio Ferreira, Ezequiel González y Alberto Moyano, y acompañada los abogados de la familia Gorosito, Silvio Alfonzo, padre e hijo, y Raúl Quinteros.
En tanto, los defensores particulares de los ex policías sostuvieron que la causa está "armada", que hay muchas "confusiones" y que todos los acusados tendrían que estar libres.
También pidieron la detención y una condena por falso testimonio de tres jóvenes que denunciaron haber sido torturados por los exefectivos dos días antes de cometido el crimen de Fabián.
Estos tres muchachos fueron citados a declarar como testigos este miércoles a las 9 cuando se reanude el juicio.
Por su parte, Susana, esposa del ex subcomisario Leiva, dijo a Télam que su marido "nada tuvo que ver" con el hecho porque la noche del crimen no estaba de guardia en la comisaría, sino en su casa con su familia, y que "inventaron todo en contra de él".
"Lo que le hicieron a él fue una cama y cayó como un perejil", sostuvo la mujer que negó conocer a Giménez y a la pareja de éste.
Para el padre de Fabián, a la víctima la torturaron "por una venganza" por su supuesta vinculación con la pareja de Giménez.
Gorosito (22) trabajaba en un frigorífico situado en la estación Agustín Ferrari y el 15 de agosto de 2010 apareció muerto en un descampado ubicado en Gabriela Mistral y 24 de Noviembre, junto a las vías de la ex línea Belgrano, de Mariano Acosta, en Merlo.
En un primer momento, se quiso hacer pasar la muerte del joven como un accidente, producto de una intoxicación y posterior caída a una zanja, pero los peritajes determinaron luego que el muchacho había sufrido un severo castigo y una muerte por asfixia.
Tras el hallazgo, los vecinos denunciaron que la noche del 14 de agosto, Gorosito, quien vivía en Mariano Acosta, había ido a comprar a un kiosco cuando fue interceptado para su identificación por un auto particular y dos motos policiales.
Los habitantes del barrio contaron que ante esa situación, Gorosito salió corriendo y desapareció hasta el día siguiente, cuando apareció muerto.
Al profundizar la pesquisa, la fiscal Valeria Courtade reunió elementos que la llevaron a sospechar que Gorosito fue conducido a la comisaría local donde, aparentemente, fue víctima de tormentos y luego trasladado hasta el descampado donde lo asfixiaron aplastándole el rostro contra la tierra.
Una de las hipótesis apuntó a que los policías trasladaron a Gorosito a la seccional para que se hiciera cargo de un supuesto caso de robo y violación.
Otra pista fue la de una posible venganza contra el muchacho porque éste aparentemente se vinculaba sentimentalmente con la mujer de Giménez, quien negó esa situación en su indagatoria.
Tras las detenciones de los policías, el ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, dispuso la intervención de la seccional de Mariano Acosta y el traslado de los 63 policías que se desempeñaban allí.




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