¿Cristina nestorizada?

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Menos glamour, casi nada de adornos y al alhajero las gargantillas de oro y brillantes. Al menos para el último capítulo de la ya casi novela «gobierno vs. campo», Cristina depuso el fashion, como si la actitud apaciguara sus alocuciones confrontativas. Más sobria en el vestir, casi ha caído estas últimas semanas en el descuido. Tal vez imitando el look de su esposo Néstor, poco aliñado y despojado de todo buen gusto y elegancia, pero en versión más refinada, la Presidente hizo un giro en su vestidor: la repetición de prendas ya se hizo habitual, cambió los vestidos de shantú y sedas labradas por pantalones y no sale de la gama de los negros, marrones, azules y grises, en estampados demodé (como el del lunes, por caso).

La misma sintonía del nuevo vestir pareceaplicarla ahora en el tono de los discursos, como los de esta semana, donde no hubo fuertes exclamaciones. Tampoco ceño fruncido, ni exagerados movimientos de manos -con decir que casi no tocó los micrófonos-, ni levantó el índice acusador, por ejemplo el miércoles en un acto en Mendoza donde anunció obras para una represa.

Eso sí, viene abusando de los tailleurs con pantalón (lunes en versión marrón, martes en beige, miércoles azul, jueves vestido negro y un poco más de color en un saco rosado). No los desluce, como su esposo, quien lleva invariable el saco abierto cuando éste es cruzado. Tampoco es cuestión ahora de adoptar un andar poco agraciado como el de Kirchner, a quien su altura obliga a una postura encorvada, que le quita lucimiento. Ni que hablar de pasar a un look masculinizado, pero hacia ese estilo parece ir ahora Cristina.

Su marido, en cambio, nunca se preocupó por su presencia, casi un uniforme: traje oscuro, camisa clara y corbatas -cuando las usa- en tonos hielo, rojo y lila, mocasines clásicos -desaconsejados siempre-, oscuros, un calzado pasado de moda y hasta infantil -modelo obligado de los colegiales-.

Es que pareciera que Néstor desconoce las propuestas de las exclusivas casas de indumentaria francesas y de los últimos gritos de la moda, de los que tan bien informada está Cristina. Y hasta lo ha reconocido públicamente: «A mí me criticaban por desarreglado y a ella por ordenada». Pero le aseguran al ex presidente que esa imagen austera, sin brillos ni elegancia, le sirvió para conquistar a los sectores más fuertes del peronismo, y después de todo, aún vence a su esposa en adhesiones.

Para los especialistas en imagen, el cambio tiene sentido.

  • Similitudes

    «La Presidente comenzó con un estilodemasiado ostentoso, vistiendo telas con brillos y colores estridentes a toda hora y un maquillaje demasiado producido. Ahora cambió su vestimenta. Se muestra con trajecitos en tonos más suaves y de telas neutras, combinados a veces con pañuelos de seda, logrando un conjunto más profesional, no tan de estrella sino de ejecutiva. Ese cambio hace que inconscientemente se la perciba como más dispuesta al diálogo, se la ve más cercana», explicó a este diario Florencia Ducos, dueña de la consultora de imagen Grupo Imagen.

    Cree la experta en la idea de que Cristina, quizá sin hacerlo adrede, busca similitudes para atraer nuevo público o adherentes que la han abandonado.

    «En su época de presidente y aún hoy, Néstor Kirchner ha dado que hablar debido a sus modos informales, desenfadados y antiprotocolares. Rompió con toda regla de elegancia básica en cuanto a la vestimenta y adoptó un estilo demasiado coloquial y una postura física demasiado relajada, tal vez para tener más llegada al público», señaló Ducos.

  • Menos estricta

    Nadie imagina en Cristina una acción fuera de protocolo. Pero sí se nota en ella un intento por mostrarse menos estricta y con carácter más templado. Pareciera que la Presidente cambió de opinión. Ya no dice que se trata de «machismo contenido» las críticas a su vestimenta. Atrás quedó la afirmación de que no iría a «disfrazarse de pobre» ni a cambiar su look.

    «Es una coincidencia muy importanteque después de los acontecimientos con el campo se pueda apreciar en la Presidente una imagen de perfil más bajo, más amigable y menos estridente. Tal vez haya generado este cambio tras escuchar las críticas de la gente. No es poca cosa semejante transformación en personalidades fuertes como la de ella», explicó la especialista y agregó que «lo cortés no quita lo valiente. En situaciones de crisis, un gesto de respeto, una actitud más amigable, pueden generar cambios en cualquier negociación sin necesidad de doblegar los principios. Después de todo, de eso se trata la vida, de negociar exitosamente entre las partes».
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