22 de mayo 2007 - 00:00
De Velázquez a Chagall: abre en Londres una ambiciosa muestra de autorretratos
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Autorretrato del maestro español Diego Veláquez, uno de los tesoros de la Galleria degli Uffizi de Florencia. (óleo sobre tela, 48X 35 cm).
"A partir del siglo XVIII son los propios artistas los que consideran un honor que sus autorretratos formen parte de la colección y los que elaboran sus obras expresamente para los 'Uffizi'", explicó el comisario de la exposición.
La muestra, ordenada cronológicamente, arranca con una obra atribuida a Filippino Lippi (1457-1504) y que en un principio se pensó que era un autorretrato de Masaccio (1401-1428).
Fue tras comprobar el parecido entre la obra y el autorretrato atribuido a Filippino en la capilla Brancacci de Florencia cuando se pensó en este segundo autor, "aunque el verdadero artista representado en la obra sigue siendo un misterio", dijo Salomon.
La exposición permite comprobar cómo el autorretrato de un anciano Tintoretto (1518-1594) fue ampliado para acomodarlo a las medidas estándar de las primeras obras de la colección o cómo Rembrandt (1606-1669) se representó a sí mismo como si tratara de captar la atención de algún hipotético espectador.
Salomon explicó que los artistas del XVII, como Bernini (1598-1680) o Velázquez (1599-1660), solían representarse como auténticos caballeros.
En el autorretrato del artista sevillano, por ejemplo, la gran llave dorada y la empuñadura de la espada son atributos iconográficos que informan al espectador de que el pintor ha sido nombrado Ayuda de Cámara de Su Majestad.
La colección siguió ampliándose en los siglos posteriores y es testigo de los distintos estilos artísticos desarrollados a lo largo de la historia: el futurismo de Giacomo Balla (1871-1958), el surrealismo de Marc Chagall (1887-1985) y el Arte Povera de Michelangelo Pistoletto.
El único autorretrato abstracto de la exposición es obra del español Antoni Tàpies, en la que el pintor marca sus iniciales sobre una masa de pintura blanca tras la cual unos signos esbozados parecen sugerir las líneas faciales del artista.
Una última sala permite a los visitantes elaborar y dejar para la posteridad su propio retrato, porque, como recuerda el artista británico de origen alemán Johann Zoffany (1733-1810) en su propio autorretrato, que también se expone en Londres, la vida es corta, pero el arte perdura.




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