Seguramente Mauricio Macri sabía que en algún momento le iba a pasar y que febrero es casi un mes clave en el calendario meteorológico de la Ciudad de Buenos Aires. Lo habrá sorprendido menos la tormenta que retomar la titularidad en Boca, aunque es cierto que completó ayer una semana negra en noticias para su gobierno.
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Pero tras la tormenta de ayer, Macri respiró aliviado porque no hubo víctimas fatales y en ese sentido le fue mejor -aun con menos agua y más daños- que a sus antecesores. El agua en Buenos Aires es ya historia. Un plan director que contempló a medias sus conscuencias data de 1957, pero sin suerte, claro.
Casualmente, el 27 de febrero de 1930 se registró una de las peores inundaciones de Buenos Aires y a partir de entonces se produjeronpor lo menos dos o más temporales fuertescada año.
Vulnerabilidad
Los expertos llaman «vulnerable» a la Ciudad y le otorgan múltiples causas, desde sumideros tapados hasta construcciones no planificadas, sin dejar de lado las sudestadas. Lluvia e inundación fueron las de 1985, en verano y en otoño, bautizadas como «lluvia del siglo», un caos temible para cualquier jefe de Gobierno. Sucedió en un atardecer y el agua penetró en miles de viviendas y hasta demoró el tránsito desde el centro a los barrios del oeste al punto de que hubo pasajeros que tardaron seis y ocho horas en llegar a sus casas, con el agua por las rodillas y la luz cortada.
Le pasó más tarde a Fernando de la Rúa, más a su vice Enrique Olivera, que llevaba como un sino que en cada viaje del jefe de Gobierno lloviera torrencialmente. En diciembre del 97, en febrero del 98, por ejemplo, cuando los barrios más afectados fueron Belgrano -muchos negocios tienen compuertas en la calle Blanco Encalada-, Palermo, Villa Urquiza, Núñez y La Boca.
En La Boca las casas se construyeron altas por las históricas inundaciones que vino a calmar la gestión de De la Rúa-Olivera con centros de bombeo que evitan hoy aquellos anegamientos. A tal punto era la preocupación por el agua que cayera, que algunos ministros de De la Rúa estaban obligados a tener equipo de botas y piloto en el baúl del auto. Para peor, en todos los casos hubo víctimas fatales que lamentar.
Le pasó a Aníbal Ibarra, quien, como ayer Macri, hacía pocos meses que había asumido el gobierno, el primero en 2000, y lo sorprendió con menos suerte: estaba en Brasil y su ministro de Obras Públicas en Australia. Fue en el verano de 2001 y los funcionarios se cansaron de explicar que los 145 mm caídos (ayer se calcularon 60) en menos de cinco horas eran excepcionales. Hubo cuatro muertes entonces y mucho dinero se repartió en créditos y subsidios para los afectados.
También lo padeció Jorge Telerman en su año y medio de mandato en reemplazo de Ibarra y hasta llegó a acusar al kirchnerismo de taparle con basura las bocas de tormenta, un problema persistente en la Ciudad.
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