Levantado en el corazón de Palermo, hay un edificio de ladrillo a la vista con forma de castillo inglés que nació incluso antes de que el parque abriera sus puertas. Esta Casona de 1881 guarda una importante parte de la historia porteña y, después de más de un siglo de uso, atraviesa una puesta a punto para quedar impecable.
El castillo de 145 años en pleno CABA: su historia y el plan para recuperarlo
Ubicada en el Jardín Botánico de Palermo, la estructura diseñada en 1881 atraviesa un proceso de puesta en valor. Los detalles de su construcción, su vínculo con Carlos Thays y las obras que buscan abrir sus espacios a la comunidad.
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La Casona del Jardín Botánico atraviesa un proceso de restauración integral.
Su valor cultural y paisajístico la convierte en un punto de referencia insustituible para los vecinos y visitantes de la Ciudad de Buenos Aires. La idea de este proyecto es preservar cada detalle original de la construcción y sumarle comodidades modernas para que todos puedan aprovechar sus espacios.
Los orígenes arquitectónicos y el sello de Carlos Thays
El diseño estuvo en manos de Jordan Wysocki, un ingeniero militar polaco al que Sarmiento llamó para proyectar los grandes parques de la ciudad. Su diseño exterior destaca por sus torreones en las cuatro esquinas, mientras que por dentro se pensó con salas amplias y arcos que conectaban los ambientes según las necesidades de la época.
A lo largo de los años funcionó como sede del Departamento Nacional de Agricultura y hasta alojó un tiempo al Museo Histórico Nacional. Ya hacia fines del siglo XIX pasó a la Dirección de Paseos y se convirtió en la oficina de trabajo de Carlos Thays, el gran paisajista que le dio forma a las plazas y parques más lindos de Buenos Aires.
El Jardín Botánico abrió al público recién en septiembre de 1898. A partir de ahí, la edificación se destinó a la administración del parque, albergando áreas de trabajo técnico, educativo y ambiental.
Cómo es el plan integral para recuperarlo
Las obras de restauración en la Casona abordan intervenciones en la fachada, la azotea y los interiores de ambas plantas. Las tareas contemplan la puesta en valor de la mampostería original de ladrillo, las carpinterías de madera y la histórica escalera, junto con la modernización de los sanitarios y el sistema de iluminación.
Para que cualquier persona pueda recorrerlo sin problemas se va a instalar un ascensor interno. Además, los planes contemplan sumar un espacio de café y salones de uso común para sentarse a disfrutar del lugar. Por si fuera poco, se aprovechó para cambiar la piedra partida del camino principal por un piso firme y parejo que facilita la caminata.
La puesta a punto para las estatuas del parque
La intervención del edificio se complementa con las labores continuas de conservación de las piezas de arte distribuidas en el predio. Durante el último año, personal especializado del taller Monumentos y Obras de Arte (MOA) ejecutó tareas de limpieza, reposición de piezas y tratamientos protectores a unas veinte esculturas del predio.
Entre las figuras recuperadas están El Canto de la Cosechadora, La Bañista y las réplicas de la Venus de Medici y la Loba Romana, junto a los bustos de San Martín y Perito Moreno. En cada caso se hicieron limpiezas a fondo, arreglos de piezas y tratamientos para protegerlas del paso del tiempo.
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