1 de febrero 2005 - 00:00
El efecto Cromañón cambió los recitales
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Cristian Aldana y Ray Fajardo, cantante y baterista de El Otro Yo, durante el show que dio la banda en el Gesell Rock el 21 de enero. Nuevas medidas de seguridad acompañaron a la mayoría de los recitales en la costa.
Pero, en otro evento musical, el megashow de Fat Boy Slim ante 30 mil personas en Mar del Plata (no de rock sino de electrónica y en la Playa) sí se arrojaron bengalas.
La banda Callejeros tenía prevista una fecha de actuación en San Bernardo, en el antes mencionado House of Music. Al menos en las últimas cuatro temporadas los conciertos de bandas más conocidas en esa zona del Partido de la Costa se realizaban en Prix, un boliche ubicado sobre la peatonal de Mar de Ajó. Pero muchísimas bandas se trasladaron este enero a San Bernardo y otras, como Bulldog, suspendieron sus recitales porque se «solidarizaron» con Callejeros.
El 23, se realizó en ese local de San Bernardo un concierto de Los Cafres, una de las bandas nacionales más conocidas de música reggae del momento. Se vendió alcohol pero se realizaron fuertes controles en la puerta. El 26, en el mismo boliche, cuando tocó El Otro Yo, se prohibió la venta de bebidas acohólicas porque, según indicó un empleado del lugar consultado, «el público que sigue a este grupo es más joven y además, es una disposición municipal».
También hubo controles, aunque sólo con personal de seguridad, en otros recitales gratuitos y al aire libre, como el de Ignacio Copani en La Lucila del Mar o el de Los Auténticos Decadentes entre Costa Azul y San Bernardo.
•Alcohol
Un ex funcionario del Partido de la Costa indicó en diálogo con este diario que la veda de alcohol se produjo al mismo tiempo que comenzaba a regir a partir de febrero en la provincia la ley de alcoholes (el registro). «Muchos distribuidores optaron por suspender entregas a locales, tanto boliches, bares como hoteles, desde mediados de mes a quienes no estaban inscriptos en el registro», aseguró el ex funcionario.
También incidió en la prohibición de venta de alcohol en conciertos y otros eventos el hecho de que se produjeran víctimas fatales en Santa Teresita, Gesell y San Bernardo (en este último caso, un chico fue asesinado a puñaladas en inmediaciones del bailable San Bernardo Chico).
El ahora novedoso control estricto parece querer esquivar una posible crisis política o un segundo Cromañón. El año pasado, en locales de recitales, eran pocos los controles. Entre el público se podían distinguir niños de dos y tres años, cadenas colgando de numerosas mochilas, muñequeras y cintos de tachas y punzones de metal, además de venta irrestricta de alcohol.
Las nuevas reglas no causaron quejas del público que se vio conforme y salvo algunos inadaptados, en general acató. Ojalá que dure.


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