20 de octubre 2005 - 00:00

Grave: desnutrición en los dos primeros años genera retraso mental

Grave: desnutrición en los dos primeros años genera retraso mental
En la Argentina hay provincias donde hasta 66% de los niños menores de 2 años tiene una nutrición inadecuada o «mala nutrición». La mala alimentación en ese período trae debilidad mental y distorsiones en la conducta de manera irreversible de por vida, hipotecando el futuro de esos hombres para siempre, sin posibilidad de recuperarse e insertarse en la sociedad. Cerca de 80% de los criminales de mayor peligrosidad del país fueron niños desnutridos.

Los chicos con carencias nutricionales en sus primeros dos años (período llamado por los pediatras «ventana de riesgo») tienen severa atrofia cerebral y una consiguiente debilidad mental de forma permanente. Muestran alteraciones neurológicas, problemas psicomotores y de conducta, apatía, dificultades de aprendizaje, de lenguaje y de razonamiento, son fácilmente irritables, tienen menor resistencia a las infecciones y acortamiento de talla, entre otras cosas. Una vez adultos no podrán insertarse normalmente en la comunidad, por lo cual por no haber sido ayudados durante sus primeros dos años de vida quedarán marginados para siempre y toda contribución a su desarrollo posterior será puro asistencialismo.

• Apoyo

Por eso es que «en este período crítico es cuando debe ser apoyado el niño para que en el país no se críen generaciones enteras con deficiencias mentales; después, es tarde», dijo a este diario Rodolfo Frers, un ingeniero agrónomo que desde hace más de un año es parte de un grupo de personas que colabora con CONIN (Cooperativa para la Nutrición Infantil).

La idea de salvar a tiempo a generaciones futuras surgió en 1993 por el esfuerzo del médico Abel Alvino. Este pediatra se inspiró en el modelo de un colega chileno, Fernando Monckeberg, quien con mucho éxito creó en su país una red de centros de tratamiento que apoyaban a niños de hasta 2 años y a sus familias para que reciban una adecuada alimentación y estimulación que les permitiera desarrollarse, estudiar y trabajar sin dificultades, ayudando a quienes en el futuro contribuirían al crecimiento del país.

Monckeberg, que contó con el apoyo del Estado chileno, que le otorgaba cerca de u$s 4 millones por año para financiar los 33 centros que se encontraban en plena actividad, logró revertir las altas tasas de mortalidad y desnutrición
. Pero en la Argentina, Alvino no tiene aún el mismo apoyo estatal. Los 12 centros que posee CONIN (en Mendoza, Córdoba, Buenos Aires, Misiones, Tucumán y Rosario) se financian con contribuciones de personas y empresas preocupadas porque los niños en riesgo sean ayudados cuando aún se está a tiempo, para que sean iguales a los chicos con nutrición normal. «Puede trabajarse sobre la debilidad mental de los chicos que sufrieron diferentes grados de desnutrición una vez que tienen edad avanzada, pero el costo es gigantesco y no siempre quedan bien», aseguró Alvino a Ambito Financiero. Y agregó que «no sólo se debe dar leche a los chicos sino también estimular con juegos, música y cariño para que el desarrollo de su personalidad sea completo».

Cada uno de los centros de CONIN en la Argentina trabaja con cerca de 200 chicos y entre 800 y 1.000 personas que conforman sus grupos familiares. En lo que respecta a la alimentación, hay asociaciones y fundaciones que colaboran con los centros. Por ejemplo, una asociación llamada Solidagro (formada por representantes de Confederaciones Rurales Argentinas, la Sociedad Rural, el Foro del Sector Social y otras agrupaciones), que recogeparte de cosechas donadas por los productores que luego vende y con ese dinero se solventa la compra de alimentos. Pero aun así les falta dinero para pagar servicios médicos, de psicólogos y psicopedagogos, impuestos y otros gastos que todos los meses son reunidos hasta último momento por los voluntarios y colaboradores de la cooperativa. A los chicos que permanecen en los centros se les aporta la nutrición correcta y se educa a sus madres o tutores para que los estimulen y alimenten adecuadamente. «Los médicos comentaban que hay zonas del país donde madres, generalmente muy pobres y sin educación, les dan a los chicos de tomar agua con harina pensando que esta mezcla era similar a la leche por su aspecto, y por lo tanto tenía los mismos beneficios en la alimentación de los chicos», aseguró Frers.

Según Beatriz Brunet, pediatra jefa de sala del Hospital de Niños Víctor J. Vilela, de Rosario, el problema del que habla Alvino se ve todos los días entre cientos de chicos y consiste en la falta de micronutrientes -principalmente hierro- en su alimentación.
«En los países en transición nutricional como la Argentina, que dejaron atrás la grave desnutrición de otras épocas pero que aún presentan problemas, los niños tienen lo que llamamos acortamiento de talla. Esto se traduce en menores posibilidades para educarse y luego para conseguir trabajo. Los chicos que durante sus primeros años no recibieron alimentación adecuada tienen un déficit en sus funciones cognitivas que les impedirá tener un cociente intelectual como el de sus pares bien alimentados», dijo Brunet.

Muestra de su falta de adaptabilidad es detallada por la jueza penal de Mendoza Lilia Vila de Alsina. Según su experiencia en la provincia (donde se creó el primer centro de CONIN), 80% de los criminales más peligrosos fueron niños desnutridos de segundo y tercer grado, es decir bebés con cerca de 40% de peso menos que un niño normal. Desde CONIN aseguran que esta muestra es similar a lo que sucede en el resto del país.

Alvino explica que el cerebro de un niño al nacer pesa 35 gramos, y a los 14 meses ya es de 900 gramos. Una vez adulto, el cerebro pesa 1,2 kilo. Es decir que el mayor desarrollo cerebral se da en los primeros dos años de vida, «donde está echada la suerte de su sistema nervioso central».

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