Si alguna faceta le faltaba a Néstor Kirchner era la de crítico de cine. Ayer, en Casa de Gobierno, el Presidente se quejó de que los cronistas cinematográficos de la Argentina no eran lo suficientemente justos para con el cine nacional y que muchas veces favorecían más las grandes producciones extranjeras (llamativa definición del Presidente, que debería darse una vuelta alguna vez por aquellos cines que proyectan ciertos films nacionales muy ensalzados por la crítica, y escuchar la opinión de la gente que sale de verlos).
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La reunión, en el Salón Blanco, congregó a gran parte de la industria del cine, feliz por recibir de manos de Kirchner los subsidios incumplidos de los años 1999, 2000 y 2001 a productoras locales. Se trataba de las cuotas de reintegro industrial para las obras sociales del sector (técnicos, actores), previstas por la Ley de Cine e impagas hasta ahora.
Los cheques que entregó Kirchner provienen del fondo de fomento cinematográfico, un mecanismo que se venía cumpliendo con regularidad durante los años de Carlos Menem y Julio Mahárbiz al frente del INCAA, y que se detuvo a partir del gobierno de la Alianza. Argentina Sono Film, Lucrecia Martel, Pablo Trapero, Alejandro Casetta (por Polka), Victoria Carreras (por Actores) y Mario López Barreiro (de Sica) fueron algunos de los beneficiarios de esta puesta al día.
En la reunión, donde Kirchner volvió a ensayar por segunda vez en diez días su sketch de extra en el film «La Patagonia rebelde» (le reclamó en broma a Héctor Olivera su caché por aquella participación, de la que el director de cine confesó no acordarse), el Presidente avanzó también sobre un tema delicado: la famosa «cuota de pantalla» (a la que mencionó equivocando el término y llamó «espacio de pantalla»).
El anteproyecto de decreto de esta norma regulatoria ya está redactado, aunque son tantos los pareceres, y titubeos, para darle una versión definitiva, que todavía se tardará un tiempo para su promulgación. Y no faltan razones: básicamente, lo que esta norma restringirá, para darle más cabida al cine nacional, es la cantidad de salas de shopping autorizadas a proyectar superproducciones norteamericanas.
Sin embargo, lo que nadie ignora es que gracias a la Ley de Cine, que fija 10% del valor de la entrada para el Fondo de Fomento a la industria, son justamente esas películas las que más dinero le dejan a la producción nacional.