6 de abril 2004 - 00:00
Levantaron anoche el paro en los subtes
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Carlos Tomada
Los delegados que se oponen a la UTA desconocieron el acuerdo suscrito el jueves pasado por el sindicato y Metrovías y recurrieron al corte de vías en las cabeceras de las cinco líneas de subterráneos, como método para imponer su demanda.
Ayer había prometido sumarse a la protesta el dirigente piquetero Raúl Castells, quien se apersonó a la sede de la cartera laboral para prometer que sus seguidores colaborarían desde hoy en el bloqueo de las cabeceras de las líneas de subte.
Por su parte, el juez de Instrucción Francisco Ponte, ante quien la empresa había radicado una demanda para que las fuerzas del orden liberen las vías, no había tomado, hasta anoche decisión alguna.
El reclamo, insólitamente, apunta a «conseguir» mejoras en las condiciones laborales que la propia empresa y sindicato oficial ya habían pactado: reducción de la jornada laboral y compromiso de que la incorporación de máquinas expendedoras de boletos no redundará en despido de personal. La huelga salvaje lanzada por estos «delegados» obtuvo el efecto opuesto (pero seguramente el buscado): el envío de 110 telegramas de desvinculación a quienes hicieron abandono de tareas.
Sin embargo, a fin de intentar llegar a un acuerdo que permita el funcionamiento del servicio, Metrovías prometió dejar sin efecto los despidos, a condición justamente de que el paro sea levantado. Pero los «delegados» -que cuentan con el apoyo de partidos como el Política Obrera, MST, Izquierda Unida y PTS- exigían no sólo eso sino que la reducción de la jornada laboral no sólo alcance a los 1.200 empleados afiliados a la UTA -que desempeñan sus tareas en condiciones «insalubres», según aseguran los sindicalistas- sino al total de 2.700 empleados de la empresa. Además, exigieron -a cambio de «permitirle» a Metrovías la colocación de máquinas expendedoras- la incorporación de tres nuevos empleados por cada máquina que se coloque en las estaciones, algo obviamente impracticable.
En tanto todos los concesionarios, quiosqueros y gente que indirectamente «vive» del subte volvieron a quedarse sin ingresos.



