Los alimentos, en riesgo por el cambio climático: nace alianza para la seguridad alimentaria

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Asegurar la comida es clave en un mundo con casi 1.000 millones de personas subalimentadas. Por eso el tema fue una de las mayores preocupaciones al momento de firmar el acuerdo de París, donde 195 países asumieron el compromiso de que la temperatura media global no supere los 2° por encima de los niveles preindustriales. Junto a los conflictos armados, el cambio climático es uno de los mayores peligros para el futuro de los alimentos.

Un combo negativo que afecta la productividad de los cultivos, la ganadería, la pesca y la actividad forestal, y que puede derivar en escasez de alimentos con un consecuente aumento en los precios.

"La seguridad alimentaria puede estar seriamente amenazada si no sabemos enfrentar el cambio climático en el mediano plazo", advirtió Yolanda Kakabadse, al frente de la recién nacida Alianza para la Resiliencia Climática Rural en América Latina, unión de fuerzas entre la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Fundación Futuro Latinoamericano.

Las plagas afectan cultivos clave como la soja.

La exministra ecuatoriana de Ambiente sostuvo en diálogo con ámbito.com que las variables del clima son determinantes, ya que activan "una serie de enfermedades que atacan a las grandes producciones del continente. El calor y el frío extremo, el exceso o ausencia de agua, propagan plagas que atacan al café, la soja, la industria del aceite, y todos nuestros países dependen de las exportaciones de su agricultura para reafirmar su seguridad alimentaria y sus economías".

"Nuestra principal misión es generar políticas públicas en conjunto con los actores involucrados, que es donde más podemos incidir, porque lo que más necesitamos es articulación. Ya estamos empezando a dialogar con los gobiernos, entre ellos el de Argentina", detalló.

Con inversiones en investigación agrícola, a través del desarrollo de vías rurales y sistemas de infraestructura más eficientes, el futuro del sector alimenticio pasará por mejorar la productividad mientras se adapta al cambio climático y sus consecuencias.

•Dos futuros

En la década 2005 - 2015, los desastres climáticos causaron más de 25% del total de daños y pérdidas de la agricultura en países en desarrollo y solo las sequías provocaron pérdidas por casi u$s 30.000 millones.

Este año, el campo argentino sufrió una de sus peores sequías.

El nuevo período no ha comenzado de la mejor manera, sobre todo para el campo argentino, que afronta su peor sequía en 70 años, con pérdidas millonarias de productores agroganaderos y una rebaja en las expectativas de crecimiento del PBI.

"Lo que más impacto tiene en nuestra región es la deforestación y el cambio del uso del suelo, avanzamos en la extensión de áreas agrícolas sacrificando áreas boscosas y dejamos atrás tierras degradadas que tienen un impacto tremendo en el cambio climático. Restaurar esas áreas y proteger los sistemas naturales debería ser una prioridad", explicó la especialista.

Para eso llama a trabajar en la geografía del territorio y en sus ecosistemas, más allá de las fronteras políticas: "El Chaco es compartido por varias naciones, así como los problemas andinos o los del corredor seco centroamericano. Tenemos que buscar coherencia en las políticas de países que comparten esos ecosistemas, sus políticas agrícolas deberían apuntar en la misma dirección".

La idea de Kakabadse es formar un equipo con unos 25 miembros con experiencia en temas de agricultura, ganadería y pesca, para crear o fomentar iniciativas de resiliencia. "En muchos casos no es cuestión de contar con más fondos, sino de ser más estratégicos, de reorientar políticas en marcha e integrarse. Los resultados quizás no se verán en un año, sino en una década, en dos o en tres", aclaró.

Del éxito de este tipo de iniciativas depende nuestro futuro, ya que los escenarios plantean diferencias radicales. De acuerdo a proyecciones de la ONU, en 2030 podría haber en el mundo entre 35 y 120 millones de personas más en situación de pobreza por los efectos del cambio climático, respecto a un futuro sin calentamiento global y con progreso económico. Si los planes fracasan, muchos países deberán enfrentar una tarea titánica: combatir la pobreza, el hambre y el cambio climático al mismo tiempo.

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