Ya casi un aforismo es el rumoreo sobre la gestión de Carlos Stornelli al frente de la Seguridad en la provincia de Buenos Aires. En sorna, muchos dicen: «Estábamos mejor con Arslanian». Y, quizás, al margen de crímenes, secuestros, robos y extorsiones cotidianas, ayer se podía comprobar en la cancha de Racing -donde este club se salvó del descenso con el estadio a pleno, como pocas veces se ha visto- la impericia policial de Stornelli. En cada lugar, la fuerza actuó casi provocando a la gente -en general mansa- que asistió al cotejo. Primero, detenían los ingresos del público sin razones ni explicaciones, ni siquiera para cachear a los simpatizantes.
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Ya en el estadio, la Policía bloqueó casi caprichosamente el acceso a una bandeja y trató de contener el torrente humano a fuerza de escudos y golpes. Por supuesto, fue arrasada en el intento, huyendo más de 100 metros, para instalar otra barrera. Inútil defensa: la gente sólo buscaba un lugar por el cual había pagado entrada.
Al promediar el partido, esos celosos custodios abandonaron su tarea, nadie sabe por qué y jamás volvieron, con lo cual no se entiende la función ni el servicio que iban a brindar. A la salida, al mayoritario conglomerado de hinchas de Racing se lo obligó a esperar casi una hora, encerrados, como si un peligro acechara en las calles. Quizás una reacción intolerante a ciertos insultos de la gente que, simplemente, quería volver a su casa y bajo cualquier excusa, la Bonaerense se lo impidió: menos mal que Racing había ganado.
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