Un viaje al futuro de los océanos: más cálidos, más ácidos y más peligrosos

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Diálogo con Federico Isla, director del Instituto de Geología de Costas y del Cuaternario de Mar del Plata, quien participó del informe sobre los océanos elaborado por el IPCC, la última radiografía sobre el estado de los mares.

Quizás desde una ciudad alejada de las olas el océano parece un amigo distante al que se visita de vez en cuando. Pero los mares, al igual que el Ártico, la Antártida y los glaciares inciden en nuestra vida de formas directas e indirectas: en el tiempo y el clima, la energía, el comercio, la alimentación, el transporte, la industria del turismo. “Es un planeta que debería llamarse océano, el 72% del planeta es océano”, sintetiza Federico Isla.

Isla, director del Instituto de Geología de Costas y del Cuaternario de Mar del Plata, fue uno de los particípes necesarios del “Informe especial sobre el océano y la criósfera en un clima cambiante”, elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la última radiografía sobre el estado de los océanos tomada por más de 100 autores de 36 países y aprobada el 24 de septiembre de 2019 por los 195 gobiernos miembros. Poco tiempo atrás, pero en un mundo distinto y sin virus al acecho. “Fueron dos años de trabajo y reuniones en distintas partes del mundo, si hubiéramos tenido que hacerlo ahora quizás quedaba en la nada”, reflexiona en diálogo con Ámbito.

Los océanos y la criósfera, es decir, las zonas congeladas, desempeñan una función decisiva para la vida en la Tierra. Un total de 670 millones de personas que viven en regiones de alta montaña y 680 millones que habitan en zonas costeras de baja altitud dependen directamente de esos sistemas. Además de los cuatro millones que viven permanentemente en la región ártica y los 65 millones de los pequeños Estados insulares. Frágiles Estados que podrían desaparecer a la vuelta de página.

El aumento del nivel del mar puede complicar seriamente a los países del Índico y el Pacífico y provocar que esas islas sean inviables económicamente, porque las tierras subterráneas se salinizan y no tienen donde cultivar. La gente que vive en Tuvalu, por ejemplo, está pensando en alquilar tierras en Fiji, que es montañosa”, relata.

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Los Estados insulares corren el riesgo de volverse inhabitables.

Los Estados insulares corren el riesgo de volverse inhabitables.

Tan lejos pero tan cerca. La suba de las aguas estará acompañada por el incremento de fenómenos como huracanes tropicales, pero también de sudestadas que terminarán afectando tarde o temprano a nuestro Delta del Paraná y las construcciones en las zonas bajas a nivel del río. Una vez más, la naturaleza no distinguirá entre realidades económicas. Isla explica que “si aumentan las sudestadas también sufrirán las inundaciones en Nordelta, y tendrán allí los mismos problemas que hoy tienen quienes viven en la planicie del Río de la Plata, en localidades como Berazategui. Ensenada, Quilmes o Berisso”.

El hielo se derrite

Una de las certezas que tienen los científicos es que, indefectiblemente, el hielo de Groenlandia se derretirá, lo que sumado a un probable escenario similar en las barreras de hielo de la Antártida, provocarían un aumento del nivel del mar a una escala nunca vista. Durante el siglo XX fue de unos 15 cm, pero el ritmo actual se ha más que duplicado (3,6 mm anuales) y no deja de acelerarse. Y de aquí a 2100 podría llegar a subir entre 30 y 60 cms, incluso aunque se logre una reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero y el calentamiento global se mantenga muy por debajo de 2°. En un escenario pesimista, el incremento podría ser del orden de 60 a 110 cms.

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Así se derrite el hielo de Groenlandia.

Nuestra Costa Atlántica tiene esta vez algunos naipes a su favor. “Hace 6.000 años, el nivel del mar en todo el hemisferio sur estuvo 3 o 4 metros arriba del actual, estaba aproximadamente donde hoy es la ruta 11. Lo que son las villas balnerarias como Villa Gesell, Pinamar y los partidos de la Costa eran agua. Son terrenos que se fueron afirmando por un descenso muy lento del nivel del mar, se formaron dunas, y se construyeron esas ciudades”, detalla el especialista. Pero lo que preocupa allí son los eventos extremos, y esas sudestadas que serán más frecuentes traerán de la mano una erosión más agresiva.

La tarea que se realiza todos los años en muchos destinos turísticos europeos, también en México y Brasil, para que las playas no se queden sin arena, también serán una práctica obligada aquí. “En varias zonas de la costa, principalmente Villa Gesell, Pinamar, Mar de Ajó, Santa Teresita y San Clemente, vamos a tener que hacer un bombeo de arena como el que se hizo en Mar del Plata en 1998, porque en algunos lugares se están quedando sin playa”, sugiere.

En otros sitios, la alteración fue producida por la mano del hombre y la mayor erosión estuvo causada por la instalación de los puertos, como en Mar del Plata o Necochea , o por falta de una visión a futuro, como en Miramar, donde debido a la construcción “hace casi un siglo fijaron médanos que estaban vivos y se movían hacia el norte llevando arena a la bahía, al fijarlos esa arena no llegó más y empezó a faltar”.

Hay pruebas abrumadoras de que el calentamiento global a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero pasados y presentes entraña consecuencias graves para los ecosistemas.

La temperatura de los océanos subió, sus aguas se acidificaron y también afecta su productividad. Como apunta Isla, “la acidificación es muy preocupante porque hace que baje el pH y eso impacta en los organismo del fondo del océano, que necesitan fijar carbono para desarrollar sus caparazones. En la Argentina hay un plan en marcha para analizar cómo afecta el crecimiento de las centollas que se pescan en el sur. Chile ya tiene problemas con los bancos de mejillones”.

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Planeta océano. Componen el 72% de nuestro planeta.

Planeta océano. Componen el 72% de nuestro planeta.

Las misiones científicas se proponen abarcar lo inabarcable, avanzar un paso más en un terreno en muchos aspectos inexplorados. Como apunta Isla, “descubrimos exoplanetas, pero no sabemos muy bien cómo son algunos ambientes de los fondos marinos ni los organismos que habitan esas grandes profundidades, algunos tan complejos que no dependen de la luz y viven gracias a las fumarolas oceánicas. Mientras existan fluidos ricos en azufre en simbiosis con las bacterias que les proveen el alimento, seguirán existiendo aunque caiga un asteroide que cubra la atmósfera de polvo o haya una guerra nuclear”.

“Conocemos mucho de las zonas costeras, del Atlántico y el Pacífico norte, pero muy poco del Atlántico y el Pacifico sur”, afirma. Toda una paradoja, señala en “un planeta que debería llamarse océano, porque el 72% del planeta es océano”.

7 datos de interés del último informe del IPCC

  1. Los cambios perdurables en los océanos y la criosfera no tienen precedentes.
  2. La frecuencia de las olas de calor marinas se ha duplicado desde 1982 y su intensidad no deja de crecer.
  3. Desde el decenio de 1980, los océanos han absorbido entre el 20 y el 30% de las emisiones de dióxido de carbono antropógenas, y ello ha causado su acidificación.
  4. Los fenómenos extremos que en el pasado se producían una vez cada 100 años tendrán periodicidad anual a mediados de siglo en muchas regiones.
  5. El calentamiento de los océanos y los cambios en su química ya ocasionan alteraciones en especies de todos los niveles de la trama alimentaria oceánica.
  6. Los glaciares y los mantos de hielo de las regiones polares y de montaña pierden masa, y ello contribuye no solo a la aceleración de la suba del nivel del mar, sino también a la expansión de las aguas cálidas en los océanos.
  7. Hasta la fecha, los océanos han absorbido más del 90 % del exceso de calor del sistema climático. De aquí a 2100, absorberán entre dos y cuatro veces más calor que en el período comprendido entre 1970 y el momento actual si el calentamiento global se limita a 2°, pero si las emisiones son más elevadas, la absorción será entre cinco y siete veces mayor.

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