20 de marzo 2026 - 18:29

Martín Kohan: "La fraseología hueca y la violencia verbal a lo Twitter es hoy el discurso dominante desde el poder del Estado

El escritor Martín Kohan combina ensayo, ficción y mirada crítica en su obra reciente: desde la identidad nacional en "Argentinos, a las cosas!" hasta el desamor en "La separación" y su reflexión sobre Jorge Luis Borges como figura cultural. En diálogo con Ámbito, analiza lo argentino, la literatura y el clima político actual.

El escritor Martín Kohan habla de su último libro “La separación”. 
El escritor Martín Kohan habla de su último libro “La separación”. 

Profesor, teórico, ensayista, el premiado escritor Martín Kohan con sus críticas manifestaciones políticas, sus dichos punzantes, se ha convertido en figura pública y parte de la conversación social, sin dejar de lado su intensa labor creadora. Prueba de ello es que mientras su libro “Argentinos, a las cosas!” (Seix Barral) sigue sumando ediciones y lectores, acaba de aparecer “La separación” (Anagrama) una cautivante e incisiva novela sobre el desamor. Por último, por el momento, entrega en “Lo que entiendo por Borges” (Godot) sus experiencias personales y las reflexiones que lo llevan a considerar que Borges no solo fue un gran escritor, sino también una invención colectiva, una figura política y un culto literario. Kohan explica en esa valiosa suma reflexiva “Cuando digo Borges pienso en esa figura que la imaginación argentina ha compuesto y ha fijado en ese nombre. Pienso en esa configuración mental y colectiva que sea ido construyendo sin por eso precisar para eso conocer a la persona real”.

Dialogamos con Martín Kohan sobre sus obras recientes, la identidad nacional, las claves de lo argentino, el drama del desamor, Borges, y el momento político cultural actual.

Periodista: ¿Por qué retomó el lema “Argentinos, a las cosas” con el que el filósofo Ortega y Gasset cuestionó el modo de ser argentino?

Martín Kohan: Lo de Ortega y Gasset fue una especie de reto, que retomé en clave irónica entre signos de exclamación. La idea de cosas remite a lo concreto, y a la vez no deja de ser difuso. Remite a algo preciso, y pese a eso también impreciso, y podía servir para un acercamiento a cuestión de lo argentino, de la identidad, algo que es preciso e impreciso a la vez. Busqué no hacer un catálogo de lo típicamente argentino. Presentar lugares y objetos que no fueran los más esperables, y en los que hubiera una huella de lo argentino, pero no de un modo previsible o grandilocuente. Así vinieron cosas que vi, lugares que estuve. Empecé a escanear en mi memoria y a partir del monumento a “La Hélice” que está en la Patagonia, fueron surgiendo un auto, una ruta, un descampado, una pizzería, una piedra, un mural, un pasillo, un vestido, entre otras cosas.

P.: Esa hélice le da la huella de San Martín…

M.K.: Hace tiempo escribí “Narrar a San Martín”, que derivó de mi tesis doctoral dedicada a San Martín en su construcción como Padre de la Patria. Cuando viajando me enfrenté a ese monumento a una hélice en Puerto Madryn me pregunté qué es esto. Y resultó un indicio de una manera de pensar cuestiones de la identidad, de lo argentino, que resulta inseparable de lo que se levanta y lo que cae, de empieza firme y tropieza. Esa hélice impulsó al “Vapor Villarino” que posibilitó la repatriación de los restos del Padre de la Patria, y que tiempo después se hundió tras chocar con las Islas Blancas de Chubut. Esa mezcla de gloria y caída, de lo que se levanta y se hunde, ofrece una manera de pensar la identidad, en el sentido de que la identidad no está hecha de afirmación sino también de vacilación.

P.: Eso lo lleva a pensar en grandes perdedores como San Martín, Gardel, Firpo, Borges, Maradona…

M.K.: Figuras reconociblemente argentinas. Me propuse encarar una concepción de la identidad que no estuviera hecha solo de plenitud sino también de agujeros, de afirmación y vacilación, que no estuviese siempre segura de sí misma. San Martín erguido en la batalla, pero también caído del caballo. Borges que pierde el Nobel, pero es genial. No es que no merecía el Nobel sino que lo merecía y no se lo dieron. Firpo, que realiza una de las grandes hazañas del boxeo, pero pierde la pelea. Firpo le ganó a Dempsey, sacarlo del ring fue knockout, y fue despojado. La identidad está hecha al mismo tiempo de lo que se levanta y lo que se cae, y la afirmación está todo el tiempo agujereada. La identidad es algo que acontece en tal o cual lugar, con tales o cuales huellas, en tal o cual momento, que se sostiene o entra en crisis, y la crisis de la identidad no la amenaza, la constituye.

P.: Lleva a ver el Maradona del mural que está en la Avenida San Juan, que es, a la vez, el de la derrota y el que se siente vivo y gritando por la calle…

M.K.: Es el Maradona del Mundial 90 que putea a los poderosos. Desde la Italia del sur, del Nápoles, putea a la Italia poderosa del norte. Putea al estadio que silba el himno argentino. Putea a (Joao) Havelange, a (Joseph) Blatter, a los poderosos del negocio del fútbol. Y arenga a los propios, los llama en una situación adversa a resistir y volver a ganar. En cambio, Milei, que trabaja para los poderosos de los negocios, putea a los docentes, los trabajadores, los jubilados, los discapacitados, los débiles.

P.: Frente a su forma amplia, que combina éxitos y fracasos, triunfos y caídas, de pronto aparece un discurso estatal que plantea que la verdadera Argentina es la de hace cien años y que todo lo demás no sirve…

M.K.: La fraseología hueca y la violencia verbal a lo Twitter es hoy el discurso dominante desde el poder del Estado. El planteo de una idealizada Argentina de hace cien años sería bienvenido si habilitara una precisa discusión histórica e ideológica, pero no va más allá de servir para lanzar frases huecas y disparates, y confirmar que la producción de conocimientos está siendo hostigada en la Argentina desde el aparato del Estado, que convirtió al saber y a la transmisión del saber en objeto de desprecio. Se desprecia la investigación, el ámbito educativo, la producción artística y cultural. Montada desde esa maquinaria estatal de desprecio se puede decir cualquier barrabasada, que éramos potencia en tiempo de los conventillos, o que en el fascismo no hay violencia.

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“Cuando digo Borges pienso en esa figura que la imaginación argentina ha compuesto y ha fijado en ese nombre". 

“Cuando digo Borges pienso en esa figura que la imaginación argentina ha compuesto y ha fijado en ese nombre".

P.: ¿Qué siente luego de haber recorrido y pensado de esas cosas entrañables que son la huella de lo argentino?

M.K.: Haber podido expresar mi expresión de la identidad, y no haberme ni siquiera propuesto algo así como una definición de lo argentino, porque no la hay una formulación cerrada, acabada y definitiva. “Argentinos, a la cosas” tiene 25 capítulos y podría tener más porque no se cierra una vez que se pudo establecer que la expresión de lo argentino no supone que exista UNA expresión de LO argentino, porque no hay un lugar o una cosa que esencialice, y permita una definición acabada de los argentino.

P.: Volvió a la ficción con una nueva novela...

M.K.: En “La separación” traté de discernir, elucubrar, cómo es que el amor se acaba, cómo puede ser que eso pase.

P.: La historia del periplo de Fernando, el protagonista, que se ve llevado por una doble pérdida del amor, la propia y la de su hermano, tiene el clima emocional de ciertas películas…

M.K.: Creo que eso tiene que ver con mi manera de escribir, de detenerme en escenas e indagarlas más que dejarme arrastrar por el vértigo de la peripecia. La idea de una novela fue que transcurra en escenas que se detiene para que así surjan significaciones posibles, más allá de la intensidad de su intriga. Los momentos van buscando comprender cómo puede ser que alguien que nos ama, que nos amó profundamente, de forma definitiva, hace que eso se acabe, o que se acabe en nosotros mismos. Esa perplejidad frente al desamor impulsa el libro.

P.: Y lo lleva a indagar en lo más íntimo y acallado de una relación…

M.K.: El protagonista toma en Retiro un micro para ir a La Paz, una pequeña localidad de la provincia de Córdoba. Va a ver a su hermano, a acompañarlo porque se separó y está muy mal por eso. Él también vive algo semejante. A veces entre conocidos y amigos se da una onda expansiva de separaciones, de personas que orbitan alrededor de los dos que se separaron. “La separación” tiene tres partes: el viaje de ida, un diario del protagonista mientras permanece en Córdoba tratando de soportar su vida de desamado, y el viaje del regreso y la espera de lo que encontrará al llegar.

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