Si hacer conocer las intimidades del mundo médico impulsó a Ricardo Coler a publicar “Un médico”, ahora amplía la historia con “Un jefe” (Planeta) donde ofrece el mundo de una clínica privada, los logros y problemas, y la soledad de quien está al frente de una empresa que defiende la salud.
Ricardo Coler explora el poder y la soledad del director de una clínica privada
En su novela “Un jefe”, el autor profundiza en los dilemas personales y profesionales de un médico que asume la conducción de un sanatorio, y reflexiona sobre liderazgo, decisiones y tensiones del sistema de salud.
-
"Vaca Muerta, Tesoro y Faro para la Argentina": el libro de Jorge Augusto Sapag sobre el yacimiento
-
La serie más brutal de HBO Max que fue cancelada a pesar de llevarse todos los elogios de la crítica
Ricardo Coler publicó “Un médico”.
Médico, fotógrafo, investigador, amante de la literatura (creador y director de la famosa revista cultural “La mujer de mi vida”), Coler es un formidable cronista que ha viajado por el mundo descubriendo y registrando modelos humanos, sociales y culturales, insospechados, en siete libros que se han convertido en varios casos en longsellers como “El reino de las mujeres”, encuentra en China el último matriarcado, y “Eterna juventud” la longevidad en un pueblo de Ecuador.
Dialogamos con Coler sobre su nueva novela y la trilogía que prepara, y como bonus track nos adelanta el ensayo crítico, con algo de manifiesto, sobre la época anti civilizatoria que estamos viviendo
Periodista: ¿Cómo surgió revelar la intimidad del mundo de un sanatorio privado y la soledad de su director médico?
Ricardo Coler: Pensé en un médico que ha llegado a jefe de urología, pero que nunca pensó que se podía convertir en director, y los cambios personales, sociales y profesionales que debe afrontar desde el momento que, al aceptar el cargo, cruza al otro lado del mostrador. Confirma que cuanto más alto se está más solo se está. Es raro que la gente quiera al que está arriba en la pirámide, más allá de que sea bueno o malo. Me atraía enfrentar esa fantasía de la gente que piensa que el que llegó alto alcanzó la absoluta felicidad. Recuerdo fotos de grandes millonarios argentinos que se supone habían alcanzado un lugar donde se podían dar todos los placeres, y todos tenían una cara de culo indescriptible. No hay nada que te asegure el paraíso.
P.: Cuando lo llama Doménico, el médico dueño del hospital, el protagonista piensa que lo va a echar por alguna macana que hizo…
R.C.: Y es todo lo contrario, es para que ocupe su lugar. Y se pregunta qué tiene él para que lo haya elegido, no lo puede creer. Ni siquiera su contadora lo cree, parece no confiar en él. Y luego que acepta ser jefe, dirigir el hospital, se da cuenta que debe blindarse.
P.: Hacer como Doménico que no deja entrar a nadie a su despacho, que anda a cara de perro para que no le hagan reclamos y pedidos. ¿Es ahí donde el protagonista asume la soledad del jefe y una nueva forma de pensar?
R.C.: Hay que mirarlo sin prejuicios, salirse de los lados de la grieta, de las opiniones políticas. Él ahora tiene una visión más realista. A veces uno resuelve de manera ideológica problemas que son concretos, y un jefe debe manejarse independiente de cuestiones ideológicas que le hacen perder tiempo.
P.: “Un jefe” es su tercera novela dedicada al universo médico, género que ha dado grandes clásicos…
R.C.: “Un médico”, la anterior, y “Un jefe” son parte de una trilogía que estoy terminando. Los personajes van evolucionando libro a libro. Por ser médico puedo ofrecer el otro lado, la cocina, lo que los médicos hablan, sienten, los límites que tienen. Revelar un mundo que resulta enigmático para la mayoría de la gente y algunas situaciones especiales que viven los médicos. Por ejemplo, en “Un médico” los pacientes los consultan sobre sexualidad, materia que no existe en nuestra carrera, por lo tanto, no estudiaron. Los médicos son seres humanos muchas veces idealizados que se piensa que además de las de su especialidad se las saben todas.
P.: ¿Es una novela autobiográfica?
R.C.: No soy urólogo. No ando con mujeres fuera de la mía (risas). No trabajo en un sanatorio. Conozco tanto el medio que, apenas empecé a contar, luego de los primeros planteos, fue como que el libro se iba escribiendo solo. Por otra parte, conocía bien al protagonista. Un tipo solo, sin familia, buen profesional, dedicado al trabajo, con cierta sensibilidad…
P.: ¿Eso hace que lo elija el dueño de la clínica, que tiene sus secretos y enigmas, y encuentra en él rasgos en común?
R.C.: Váyase a saber, uno muchas veces toma decisiones porque intuye o le parece. En la figura de Doménico supongo que se mezclan cosas que me pasaron, que me contaron y otras que he visto. Por caso, hay gente que piensa que el Hospital Italiano está bancado por la mafia italiana. Un rumor que se corre hace años, o que conocí a un médico que como Doménico se enamoró de una enfermera y tuvo un bolonqui terrible con la familia, o un cardiólogo que iba a revisar la verdura que compraba el hospital. De la mezcla de esos y otros muchos que he conocido surgen los personajes, y eso sí, muchas veces la realidad supera a la ficción.
P.: Algo que ha comprobado en sus extraordinarios libros de crónicas reales como, por ejemplo, “El reino de las mujeres”…
R.C.: Hace unos años cuando pensaba volver a China para visitar el matriarcado que se cuenta en ese libro, que publiqué hace veinte años y se sigue vendiendo, la pandemia me impidió ir. Eso me impulsó a pasarme a la ficción, a las novelas.
P.: Novelas donde siempre hay un momento donde aparece lo político desde una perspectiva inesperada. En “Un médico” sostiene que los verdaderos judíos son los palestinos, ¿eso no le creó problemas?
R.C.: Me basé en un estudio de una prestigiosa revista de medicina sobre el análisis genético de judíos y después fui a los textos sagrados, que muestran que los verdaderos semitas, que están ahí desde siempre, son los palestinos. Pensé que iba a tener problemas, pero a la gente le importa poco la verdad.
P.: Ahora, en “Un jefe”, con un estilo irónico que remite a Jonathan Swift, plantea la esclavitud como forma de salir de la pobreza…
R.C.: Es lo que sostiene el protagonista. Cuando se lanzan ideas de cualquier tipo siempre va a encontrar adeptos por más extremas que sean. Cuando él sostiene que hay que volver a la esclavitud, y lo enfrentan diciéndole: pero ¡cómo va a haber esclavos!, les contesta: peor que lo que están ahora no van a estar, van a poder comer, los hijos estudiar, pregúntenle a la gente qué quiere. Uno escribe en un lugar determinado, en un tiempo determinado, en un momento determinado, afectado por lo que pasa. Yo tenía todo el tiempo esa idea en la cabeza con argumentos y contra argumentos.
P.: ¿Cómo va a ser la próxima novela, cierre de la trilogía?
R.C.: Al médico ahora Director las cosas se le vuelven un poco más complejas y empieza a sentir la ausencia de una familia, y hay que ver cómo se las arregla… por lo pronto, aparece alguien que marcó hasta los huesos su futuro…
P.: ¿Está escribiendo algo más?
R.C.: Un ensayo sobre "civilización", concepto que ha traído desastres a la humanidad. Pensar en civilización es ir más allá de la política, de la mera idea civilización o barbarie. La humanidad constantemente se acerca o se aleja de la civilización. Hoy la fuerza más importante es contra la civilización. Y uno se vuelve menos civilizado dejando que las cosas ocurran. Siempre que aparece un líder fuerte hay una manada que lo sigue, que le cree y se conforma. Se dice que es la ultraderecha, yo creo que es algo más primitivo, es un regreso al comportamiento animal. Se ve la búsqueda de ampliación y dominio de territorios por líderes fuertes, amos absolutos, teocracias, que en sus formas y expresiones son lo más parecido al mundo animal. Creo que en la actualidad hay un marcado movimiento contra la civilización. Cuando Milei grita e insulta en el Congreso Nacional, cuando Trump dice cualquier cosa y es aplaudido, son signos evidentes de una época anti civilizatoria, en una sociedad civilizada esas cosas no pasan
- Temas
- Libros
- literatura



Dejá tu comentario