9 de enero 2013 - 09:16
Más del 26% de las trabajadoras de la región son empleadas domésticas
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La OIT advirtió que es probable que las cifras incluidas en el informe subestimen los números reales de los trabajadores domésticos
La OIT estima que sólo el 10% de todos los trabajadores domésticos están cubiertos por la legislación del trabajo nacional en la misma medida que otros trabajadores, y que más del 25 % están completamente excluidos de la legislación laboral. La OIT destaca que la falta de protección legal aumenta la vulnerabilidad de los trabajadores domésticos, por lo que con frecuencia reciben salarios inferiores a otros trabajadores que desempeñan ocupaciones similares y trabajan las mismas horas.
La subdirectora general de la OIT, Sandra Polaski destacó en rueda de prensa que más allá de la normativa, la educación es esencial. "La educación es clave para lograr la implementación efectiva de las leyes. La educación de los empleadores, de que sean concientes de sus obligaciones, y de los empleados de que conozcan y reivindiquen sus derechos".
En el caso de los trabajadores domésticos migrantes, el informe indica que su falta de conocimiento del idioma y de las leyes locales los hace especialmente vulnerables a prácticas abusivas como la violencia física y sexual, el abuso psicológico, el impago de salarios, la esclavitud por deudas y las malas condiciones de vida y de trabajo.
Más de la mitad de los trabajadores domésticos no tiene límites de horario en el marco de las legislaciones nacionales, cerca del 45 % no tiene derecho a períodos de descanso semanales y poco más de la mitad tiene derecho a un salario mínimo. El informe cita el caso de los empleados domésticos en Malasia, que trabajan de promedio 66 horas semanales, y en Catar, Namibia, Tanzania y Arabia Saudí, donde trabajan entre 60 y 65 horas.
Polaski, denunció que a estos trabajadores "se les exige que trabajen más horas que los otros trabajadores" y que "en muchos países no disfrutan del mismo derecho al descanso semanal que otros trabajadores". "Junto a la falta de derechos, la dependencia extrema de un empleador y la naturaleza aislada y desprotegida del trabajo doméstico pueden hacerlos vulnerables a la explotación y el abuso", agregó Polaski en la presentación del informe en Ginebra.



