Isabelle Dinoire había sido desfigurada por su perro. Se sometió al primer trasplante de cara y ayer se expuso en conferencia de prensa.
París (EFE) - Ahora que tiene «una cara como todo el mundo», Isabelle Dinoire desea recuperar una vida «normal» y que su trasplante parcial (el primero de esas características) de rostro sirva para ayudar a otros, como a las cinco personas que esperan ya en Francia una autorización sanitaria. Esto fue lo que expresó la mujer francesa en la conferencia de prensa que ofreció ayer.
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Recuperar una vida «normal» con sus dos hijas y volver al trabajo, sin ser «acosada» por la prensa, es el principal deseo que acaricia Dinoire, de 38 años, que ayer develó su rostro y su identidad en una conferencia multitudinaria transmitida en directo por televisiones de todo el mundo.
Visiblemente emocionada y un tanto cohibida, la mujer afrontó con valentía y dignidad a los aproximadamente 200 periodistas que abarrotaban el anfiteatro del hospital universitario de Amiens (norte de Francia), donde fue sometida al trasplante y donde sigue ingresada.
Sentada entre sus psiquiatras y los dos equipos médicos que la atienden, Isabelle Dinoire leyó un texto con dificultades para vocalizar, siguió muy atenta las explicaciones de sus cirujanos y luego respondió con monosílabos o frases muy cortas a las preguntas de los periodistas.
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