5 de noviembre 2009 - 22:54
Murió Félix Luna
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Félix Luna.
La idea de una Argentina con un pasado glorioso y un auspicioso porvenir que ha atravesado generaciones y está profundamente arraigada en el imaginario colectivo, era según Luna, consecuencia "del formidable salto" experimentado en el país entre 1880 y 1910.
"La Argentina se convirtió en un espejo de la civilización europea en América: gran clase media, educación de excelencia, transporte, comunicaciones. Fue uno de los cuatro o cinco países más grandes del mundo. Muchos intelectuales así lo pensaron, así lo dijeron y fueron creando la sensación de que así ocurriría", señaló en más de una oportunidad.
A su juicio entre los factores que impidieron "una evolución mayor de la Argentina" siempre recalcó la caída de Hipólito Yrigoyen: "El 6 de septiembre de 1930, el quiebre de la constitucionalidad, el fraude y el descreimiento en la democracia sembraron las bases para lo que vendría después".
"Además, hubo un equivocada idea difundida por las oligarquías de la década del treinta de que la solución del país era reforzar los vínculos con Gran Bretaña -potencia ya en declinación- y que significaba el carbón y el ferrocarril frente a la nafta y al camión", puntualizó en una entrevista.
De reconocida afiliación radical, fue la de Arturo Frondizi la figura política que más lo cautivó a lo largo de su trayectoria: "Me parece que reunió de un modo casi milagroso al estudioso y al intelectual con un hombre informado, que estaba al tanto de lo que pasaba políticamente en el país y dentro de su propio partido", analizó.
El historiador, que entre otros cargos fue secretario de Cultura de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires (1986-1989), Comendador de la orden del Mérito de Francia (1988); Orden del Sol de Perú (1990); Orden de Cruzeiro do Sul de la Embajada de Brasil (1998); Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (1996); Orden de Bernardo O`Higgins, Chile (2000); Doctor Honoris Causa (Universidad de Belgrano; 2003).
En colaboración con Ariel Ramírez escribió las letras de las obras la Misa Criolla (1963); Los Caudillos (1966); Mujeres argentinas (1968) y Cantata Sudamericana (1971). Y fue profesor de historia en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad del Salvador y en la de Belgrano.
Entre los numerosos premios que recibió a lo largo de su trayectoria figuran el Premio Konex de Historia y Folklore (1985); Premio Consagración Nacional correspondiente a 1990 otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación (1992); Premio de la Asociación de Distribuidores de Diarios y revistas, rubro Letras (1994) y, Premio Konex por el rubro biografías históricas (1994).
Como académico fue Miembro de Número de la Academia Nacional de la Historia (1992); y de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas (1998); Miembro de Número de la Academia Nacional de Periodismo (2000).




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