El investigador Miguel Mattea, de 58 años, se convirtió en la sexta víctima de la explosión en la Universidad de Río Cuarto, mientras peritos de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo solicitaron la aplicación de un estricto control y evaluación de los productos que ingresan a la universidad para investigación.
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Mattea era el último de los docentes e investigadores que permanecía internado en el Instituto del Quemado del Hospital de Córdoba tras la explosión ocurrida el 5 de diciembre pasado en la planta piloto de la facultad de Ingeniería.
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