26 de febrero 2004 - 00:00

Resurge el acorazado alemán Graf Spee

Tres momentos de acorazado alemán Graf Spee. Cuando fue botado el 30 de junio de 1934, cuando fue volado por su capitán Hans Langsdorff el 17 de diciembre de 1939, en pleno Río de la Plata, y la foto que se conoció ayer, del famoso barco hundido en el lecho fangoso y tras haberse rescatado la tercera pieza desde 1997.
Tres momentos de acorazado alemán Graf Spee. Cuando fue botado el 30 de junio de 1934, cuando fue volado por su capitán Hans Langsdorff el 17 de diciembre de 1939, en pleno Río de la Plata, y la foto que se conoció ayer, del famoso barco hundido en el lecho fangoso y tras haberse rescatado la tercera pieza desde 1997.
Montevideo - Llegó al puerto local la tercera pieza extraída del acorazado alemán Graf Spee, hundido deliberadamente por su capitán Hans Langsdorff a ocho kilómetros del muelle, tras haber puesto a salvo la tripulación de mil hombres en barcos de emergencia enviados a Buenos Aires y dejado los heridos en Uruguay. En 1997, buzos británicos y uruguayos habían extraído un cañón de 8 metros de largo y 3,5 toneladas de peso y parte de otro. Una expedición de más de 50 hombres de distintas nacionalidades logró extraer en estos días el legendario telémetro -innovador en su época-de 27 toneladas de peso, utilizado para medir las distancias de ataque. El Graf Spee hundió nueve navíos mercantiles en el Atlántico a los aliados desde que fue botado, el 30 de junio de 1934, y entró en guerra naval el 27 de setiembre de 1939, ya iniciada la Segunda Guerra Mundial.

El Graf Spee era llamado «acorazado de bolsillo» por su relativamente pequeña dimensión de 188 metros de largo, aunque de terrible poder de combate que le impuso como restricción a Alemania el Tratado de Versalles del 28 de junio de 1919.

Pese a sus poderosos cañones, el Graf Spee amedrentaba sus presas en el mar y luego de capturarlas, las hundía con cargas explosivas anuales. Su devastadora acción con los mercantes obligó a los aliados a enviar tres barcos en su búsqueda. Los cruceros Exeter y Ajax y el neocelandés Achilles.

Como éstas eran más veloces, lo llegaron a alcanzar pero se necesitaron los tres para provocarle averías al Almiral Graf Spee en una batalla que se desarrolló a 135 kilómetros de Punta del Este. El acorazado alemán provocó graves daños a sus rivales, sobre todo al Exeter pero luego debió entrar a reparaciones al puerto de Montevideo que era nación neutral y no lo admitió, el 13 de diciembre de 1939, permitiéndole desembarcar heridos y enterrar los muertos de combate.

• Dinamitado

Tras muchas gestiones diplomáticas, el Graf Spee se vio obligado a abandonar el puerto de esta ciudad, pero no podía llegar a mar abierto porque lo esperaban en la desembocadura del río los cruceros aliados.

El capitán enfiló proa a Buenos Aires y a sólo 8 kilómetros de la costa uruguaya bajó a los tripulantes a barcos auxiliares que habían llegado desde la Argentina y procedió a dinamitarlo.

Era tan bajo el caudal del río que el acorazado tocó fondo y tardó varios días en hundirse en el lecho fangoso.

Más de 1.000 marineros llegaron a Buenos Aires, fueron ubicados en el Hotel de Inmigrantes y decidida su internación -no podían salir del país, aunque muchos lo hicieron de contrabando-fueron llevados a distintas zonas del país, como Sierra de la Ventana y Córdoba, donde descendientes de algunos de los marineros fundaron la ciudad de Villa General Belgrano.

El capitán Langsdorff generó toda clase de comentarios. Se consideraba valiente su actitudde no entregar el barco a los cruceros ingleses pero no haber permanecido a bordo mientras se hundía.

También se le elogiaba el haber salvado a la tripulación de un combate en desventaja que hubiera sido fatal para la mayoría, pero por otro lado se decía que no estaba tan averiado su barco por no haber intentado el combate.

• Suicidio

Hans Langsdorff puso fin a las polémicas con un gesto heroico que impactó: se suicidó en su dormitorio donde se alojaba en Buenos Aires pegándose un tiro en la sien. La Batalla del Río de la Plata, como se la conoció, es un clásico de las historias navales y el Graf Spee una leyenda.

Todo se desarrolló muy al comienzo de la Segunda Guerra Mundial rodeando el conflicto todavía de cierto lirismo romántico: el capitán Langsdorff no mataba a los marineros de los navíos mercantes, los enviaba a tierra más próxima en los botes salvavidas y a sus oficiales los llevaba a bordo del acorazado, con adecuado confort.

En los entierros de marinos del Graf Spee en Buenos Aires y en Montevideo asistían esos oficiales ingleses que habían sido desembarcados.

Más de 60 millones de muertos y el terrible Holocausto judío pusieron fin a ese romanticismo bélico sólo inicial. Por eso la búsqueda y logro de partes, más fotografías, causan impacto en estos días.

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