28 de octubre 2005 - 00:00
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"En el ejemplo de honradez política salta de repente la corrupción vertical, horizontal, que nos ha dejado estupefactos", dijo el Nobel de Literatura de 1998.
Saramago también criticó al Gobierno por convocar el referendo del pasado domingo sobre la prohibición del comercio de armas de fuego y munición en el país, que calificó de "absurdo".
"Es una cosa completamente absurda, un disparate.
¿A quién se le ocurrió esa idea peregrina?", dijo sobre la consulta popular, en la que una abrumadora mayoría de la población se pronunció contra la prohibición.
Según el autor de "Ensayo sobre la ceguera", los referendos funcionan en países como Suiza, que tiene tradición de consultas populares, pero en Brasil es una señal de la falta de rumbo del Gobierno.
"Es una señal de perturbación gravísima del Ejecutivo y del sistema político brasileño", opinó Saramago, quien anotó que el referendo de las armas dio la impresión de que "el Gobierno no sabe gobernar y va a preguntar al pueblo".
El escritor, quien se adhirió a la campaña de Greenpeace de promover el uso de papel producido bajo normas ambientales correctas, dijo que ojalá que la próxima vez que el gobierno brasileño haga un referendo sea para proteger la Amazonía.
El escritor espera que, en ese caso, "el pueblo vote cien por ciento" por la defensa de ese "pulmón" del mundo.
Sobre su nueva novela, presentada anoche en Sao Paulo, Saramago dijo que, a pesar del título de la obra, no escribió sobre muerte, "sobre vida".
"La conclusión es una: para vivir precisamos morir", anotó sobre "Las intermitencias de la muerte", que narra los conflictos resultantes de la decisión de la muerte de abandonar su actividad.
En la novela, el alborozo que genera en un país la jubilación de la muerte se convierte luego en un motivo de preocupación por el impacto político económico, social y hasta religioso de esa situación.
"La peor cosa que podría ocurrir a la especie humana sería que la muerte parase", expresó el Nobel.
Agregó que, en un caso de esos, el caos sería general, porque las personas envejecerían eternamente, los enfermos agonizarían sin la esperanza de poner fin a su tragedia y el Estado iría a la bancarrota porque no tendría cómo hacer frente a los gastos de la seguridad social.




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