5 de enero 2009 - 00:00
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Lisandro de la Torre fue un ferviente crítico de la década infame
Con la sanción de la Ley Sáenz Peña en 1912, el rosarino fue electo diputado nacional por la Liga del Sur y comenzó una extensa y ardua actividad parlamentaria.
Mientras el país se dirigía a sus primeras elecciones presidenciales a través del voto secreto y obligatorio, el 14 de diciembre de 1914 fundó el Partido Demócrata Progresista, cuya principal misión era disputar los votantes de la UCR a través de una propuesta más reformista.
Dos años después, De la Torre fue candidato a la presidencia de la Nación por el demoprogresismo, pero fue derrotado por la lista radical encabezada por Yrigoyen.
Una de las acciones más importantes del Partido Demócrata fue su influencia en la redacción de la nueva Constitución santafesina de 1921, una de las más avanzadas de la época.
Años más tarde, el partido estaba en decadencia y el dirigente santafesino decidió apartarse de la actividad política, hasta que tras el golpe militar de 1930 fue convocado por el presidente de facto, el general José Felix Uriburu para sumarse al Gobierno, invitación que rechazó rotundamente y que lo puso nuevamente en la órbita pública.
Un año después y en alianza con el Partido Socialista, De la Torre intervino en la creación de la Alianza Democrática Socialista, una coalición que se proponía fomentar el cooperativismo, llevar adelante una reforma agraria e impulsar leyes en favor de los derechos civiles y políticos de la mujer.
Pero las fraudulentas elecciones de 1932 no dieron lugar al debate público y democrático e impusieron en el poder al general Agustín P. Justo.
En el plano parlamentario, el dirigente santafecino trabajó especialmente por la expropiación de los frigoríficos extranjeros y en 1935 inició una investigación que tuvo por objeto demostrar el negociado de las carnes que se llevaba con Gran Bretaña, especialmente a partir del Pacto Roca-Runciman firmado entre ambos países en 1933.
Ese acuerdo establecía, entre otras cosas, que el 85 por ciento del total de las exportaciones realizadas por Argentina debían hacerse por medio de frigoríficos ingleses y norteamericanos y sólo el 15 por ciento por frigoríficos nacionales, y -como contraparte- Inglaterra se comprometía a seguir comprando los mismos volúmenes que el año anterior.
En 1937 renunció al Senado de la Nación y se retiró definitivamente de la política, mientras que al año siguiente y en ocasión de su septuagésimo cumpleaños, sus amigos lo encontraron apesadumbrado y deprimido.
El político que había luchado hasta el cansancio contra la oligarquía que nuevamente gobernaba el país ya no sentía motivos para vivir.
Tras ensobrar una carta para sus amigos con 250 pesos para los pagos del sepelio, el 5 de enero de 1939 Lisandro de la Torre se pegó un tiro en el corazón, como cuatro décadas antes lo había hecho Leandro N. Alem, su padre político.



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