14 de mayo 2012 - 09:33
Sigue sin pausa búsqueda del último tripulante desaparecido tras el choque de barcos
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Continúa el operativo para dar con Luciano Luna
Gaetán informó que trabajaron en el barco hundido 18 buzos, de a dos por turno, que recorrieron dos veces cada uno de los compartimentos del navío, incluidos los baños. También revisaron los alrededores, sin novedad.
En tanto, equipos de superficie y de tierra siguieron buscando aguas abajo en las dos orillas hasta el kilómetro 75, con ayuda de perros y el apoyo de los bomberos voluntarios de Zárate, Hurlingham, Pilar y Los Cardales.
Luna, de 24 años, es el miembro más joven de la infortunada tripulación, con la que embarcó para reemplazar a otro marinero, y está a punto de ser padre.
Luis, su padre, contó que "Luciano tenía amigos en el sindicato y, desde que terminó la secundaria, hacía relevos en distintas embarcaciones; justo esta vez faltó un marinero de esta tripulación y lo llamaron a él".
"Él está en pareja, hace un par de años, con una chica un poco más chica que él, que está de ocho meses y medio, y están los dos muy ansiosos por su primer bebé", relató el padre.
Contó además que "Luciano es el primero de la familia que se dedica a esto y estaba muy contento con su trabajo; nosotros somos todos de Colón (Entre Ríos) y jamás se nos había ocurrido trabajar embarcados".
La PNA informó que los fallecidos en el naufragio son Gustavo Caracciolo (37 años, capitán), Ramón Ciriaco Rodríguez (58, primer oficial), Felipe Haroldo Aguirre (57, jefe de máquinas), Marcelo Osvaldo Córdoba (36, marinero y cocinero), José Mario de la Fuente Sequeira (46, contramaestre) y Cristian Ariel Marmet (25, marinero).
El "Río Turbio", de 82,72 metros de eslora y 15,2 de manga, había partido de San Pedro con 2200 toneladas de arena y destino la ciudad de Buenos Aires. Tiene 31 años de antigüedad y es el mayor barco de la flota de cinco de la empresa arenera Puerto Nuevo.
El "Ava Payaguá", botado en 2010 y de 31 metros de eslora, iba de Buenos Aires a Asunción empujando una barcaza de 85 metros de largo por 24 de ancho, cargada de contenedores.
Ambos iban a cinco kilómetros por hora. La punta izquierda de la barcaza tocó el costado izquierdo de la proa del arenero y le produjo un corte de siete metros en el casco.
Sin embargo, no fue la avería la que causó el naufragio sino el golpe, porque hizo inclinar al arenero hacia la derecha y su carga se fue corriendo hasta que lo volcó de costado, tres minutos después del impacto.
La barcaza también fue llevada por la inercia y no se fue a pique porque quedó apoyada en un banco de arena. Las embarcaciones quedaron distantes 2,1 kilómetros una de la otra.
El barco argentino, de 15 metros de manga (ancho), quedó recostado sobre el lecho del río, uno de los mayores brazos del Paraná, en un lugar donde la profundidad es de doce metros, por lo que exhibe su lateral izquierdo sobre la superficie.
Los buzos salvamentistas trabajan a ciegas, debido al limo en suspensión que oscurece el agua; a seis u ocho metros de profundidad, van acompañados, están en comunicación permanente con la superficie y van atando una soga a medida que recorren el buque, para marcar el regreso y la zona explorada.




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