16 de enero 2006 - 00:00
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Algunos de los propietarios de las cajas de seguridad se
hicieron presentes en el banco para realizar sus denuncias.
Testigos aseguran haber visto a los hombres ingresar en un desagote fluvial vistiendo atuendos de operarios de una empresa de servicios, montando carpas de obra para disimular un trabajo que habría llevado tres meses de tiempo, hasta llegar al objetivo final: el subsuelo del Banco Río.
No se descarta que alguno de los integrantes de la banda contara con entrenamiento policial. Lo demuestra el hecho de que separaran a los rehenes en tres grupos, distribuidos entre el subsuelo, la planta baja y el primer piso; puesto que los grupos de rescate que actúan en este tipo de casos no pueden ingresar al lugar sin antes asegurarse de que en un solo movimiento podrán rescatar ilesos a todos los rehenes.
Los delincuentes ingresaron al banco, coparon el lugar, tomaron como rehenes a 23 personas (9 empleados y 14 clientes), y esperaron la llegada de la Policía. A partir de allí, y en todo momento, uno de los asaltantes se mantuvo en diálogo con el negociador oficial, a cara descubierta y a la vista de un francotirador.
Primero procedieron a liberar tres rehenes, hecho que las fuerzas de seguridad vieron como un gesto conciliatorio para con los negociadores, pero que en realidad consistía en deshacerse de las dos personas que podrían entorpecer el trabajo de la banda: el policía y el custodio de la sucursal.
Los asaltantes aprovecharon las seis horas en que se mantuvo la negociación para saquear el tesoro del banco -de donde según informó la entidad se llevaron 600 mil pesos- y 145 cajas de seguridad de las 408 que el lugar posee.
Aunque aún no se ha calculadoa cuánto asciende este último botín, se estima que es varias veces millonario puesto que sólo se abocaron a las cajas medianas y grandes, llevándose un botín de unos 300 kilos. Solamente contabilizando el monto por el cual cada tenedor de una caja de seguridad estaba asegurado (50 mil pesos), la suma robada ascendería a más de 7 millones de pesos.
Finalmente, los ladrones cortaron toda comunicación con el negociador aduciendo que se tomarían una hora más para decidir la entrega. En ese lapso, la banda se abocó al último y estudiado paso de su golpe: abrió el boquete en la pared que le permitiría acceder a un túnel de 15 metros que contaba con dos recámaras, iluminación, una escalera y 36 peldaños de hierro, y que desembocaba en un túnel pluvial que podría haberlos llevado hacia la autopista Panamericana o hacia el río.
Fue cuando habrían entrado en acción los cuatro miembros externos, quienes habrían recibido y ayudado a cargar el botín por el túnel pluvial.




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